La mirada. Cuarta semana de cuaresma

En esta cuarta semana la liturgia dominical nos da una clave para vivirla: la mirada. Jesús cura a un ciego. La ceguera simboliza en la Biblia la ceguera espiritual, y mucho más al colocarla en el camino cuaresmal.  Se nos invita a mirar la realidad de una forma diferente.

Estamos en la cultura de la imagen, nuestros adolescentes y jóvenes se comunican y entienden más fácilmente por imágenes que por palabras.

En esta cultura en la que vivimos, es preciso entonces una educación de la mirada. No basta con ver, hay que mirar. Una mirada que respeta, que aprecia, que no despersonaliza, una mirada que valora y no juzga, que no proyecta estereotipos, que no violenta, ni denigra. Una mirada compasiva, que descubre esa realidad que se le presenta. Es de vital importancia la educación de la mirada.

Mirada de Jesús

Jesús nos da varias claves. Fijémonos en el maestro. Cuando El se acerca siempre mira de una forma distinta. Él no ve lo mismo que los demás. ¿Cómo es la mirada de Jesús?

Ante un enfermo, un impuro, un endemoniado… él ve: posibilidad. Su mirada es una mirada creyente, tiene ese efecto Pigmalión, crea lo que cree. Por ello, la mirada no es algo solamente físico sino espiritual y profundo, de ahí la importancia de su cuidado, cultivo y ascesis, etc.

Ante la mirada que desprecia a las mujeres por considerarlas seres inferiores, o a los pecadores por rechazar a Dios, o a los incultos por no conocer la ley… su mirada acoge y valora. Acoge la realidad que se le presenta, son personas con esa condición. Y no solamente acoge y valora con la palabra, las convierte en sus seguidores. Formarán parte de su nuevo grupo, la Iglesia. Valora en privado y en público. Por tanto, su mirada incluye e intenta restaurar socialmente su imagen.

Aunque muchas veces fracasará porque su mirada es demasiado visionaria arriesgada. Se expone a que las miradas sociales sigan sin ver ni apreciar a esas personas, y lejos de ver la realidad minusvalorarán el grupo de Jesús, juzgándolo y criticándolo. Además de seguir sin mirar con dignidad a esas personas excluidas, comenzarán a despreciar al grupo de Jesús.

Monica Arca SEMD Madrid

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