
Testimonio vocacional 7. 2025
«Si no tengo Amor no soy nada»
¡Hola!, me llamo Úrsula, soy española y tengo el regalo de ser misionera desde hace 29 años.
He vivido en España, Chile, Argentina y actualmente estoy en Pavía una ciudad al norte de Italia.
“¿Cómo empezó toda esta aventura? ¿Cómo te habló Jesús?”– me preguntan muchas veces- “ Pues diría que ha sido todo un proceso. Siempre he sido una persona muy sensible a los demás y a la búsqueda del “sentido profundo” para vivir. Empecé a estudiar medicina. Creía que era el mejor camino para hacer el bien a los demás y cambiar así el mundo de alguna manera.
Sin embargo una profunda crisis llegó pronto a mi corazón y “todo se puso en cuestión”. La medicina me puso en contacto directo con el sufrimiento físico y con otro mucho más profundo que no venía en mis libros de medicina, pero que yo tocaba cada día con mis manos: la soledad de tantas personas que no se sentían amadas. Me dí cuenta que había enfermedades del cuerpo, pero que también había “enfermedades del alma” y que estas eran mucho más peligrosas y sutiles. No hacen distinción de raza o condición social y provocan todo el mal que vemos y sufrimos en nuestro mundo. Me vi también a mi misma, con tantos deseos de amar, de hacer el bien y tan limitada, tan centrada en mí misma tantas veces y con tantas incoherencias.
¿Qué pasa entonces? ¿Estamos mal hechos? ¿Es que el Amor no existe? ¿Habrá que contentarse con el “ir tirandillo” y no pedirle a la vida nada más? ¿Dónde está Dios en todo esto?
Con todas estas preguntas me sumergí de lleno en el único que podía tener respuestas: el corazón de Dios. ¿Cómo? Entre otras cosas acercándome como un niño sediento a su Palabra y dejando que ella tocara mi corazón. Así descubrí un día el magnifico “Himno al Amor” que San Pablo escribió en la 1 Carta de los Corintios capitulo 13. Efectivamente, podemos tener todo en la vida: inteligencia, medios, buenos deseos e incluso hacer muchas cosas buenas por los demás, pero “si no tengo Amor no soy nada”, todo queda vacío y sin sentido.
Descubrí entonces algo maravilloso, este Amor que él describía como: “paciente, servicial, sin envidia, sin groserías, que todo lo excusa, que todo lo cree, que todo lo espera, que todo lo tolera y que no falla nunca”, ¿quién no quiere a su lado un Amor así? No era el mío, ni el de ningún ser humano que yo pudiera conocer, sino que era el mismísimo corazón de Jesús. ¡Él es el Amor verdadero que nuestro corazón anhela y para el que estamos hechos! Con Él es posible que sanen nuestras heridas más profundas y renazca lo mejor de nosotros mismos.
Soy misionera desde hace 29 años porque un día mi corazón rozó el corazón de Jesús y descubrí que “el Amor verdadero existe”, que habita dentro de nosotros y que todos los hombres y mujeres de esta tierra tienen derecho a descubrirlo también.
Ursula Osuna SEMD Pavía (Italia)


