Testimonio vocacional 11. 2025

 La felicidad está en ser misionera en Africa

Nací en una familia donde siempre he escuchado hablar de los misioneros. Desde pequeña mi madre me daba las revistas misioneras y mientras ella hacía la comida, pedía que yo le leyera una historia de un misionero. Creo que fue así que he empezado a admirar a los misioneros.

Cuando tenia 14 años, ha llegado a mi parroquia un misionero que había sido rehén de las milicias angoleñas durante 2 años. Él fue acogido como un héroe. Pero no fue esto lo que más me impactó, lo que me ha marcado indeleblemente fue su mirada de bondad y su alegría. Al verle me he preguntado: ¿Cómo es que esta persona, habiendo sufrido tanto, puede estar feliz? ¿Qué tiene? ¿Qué le hace tener esa mirada de bondad? Estas preguntas han habitado mi corazón durante mucho tiempo y me han llevado a recorrer un camino de búsqueda de la felicidad. Yo tenía una sed muy grande de ser feliz. Pensaba, seguro que la felicidad está en ser misionera en África ayudando a las personas que tienen necesidad.

Al terminar el liceo, tuve la suerte de ir a Guinea-Bisáu y, estando ahí, me he dado cuenta que ser misionera no es solo ayudar a los demás. Debía haber algo más, un amor grande que hacía mover a los misioneros para que ellos amasen un pueblo y una cultura tan diferente de lo suyo. De regreso a casa hice una súplica a Dios: ¡Señor hazme encontrar el amor grande como el que tienen los misioneros! Y Dios ha escuchado mi oración.

Cuando estaba en la universidad, he conocido a la comunidad y a partir de ahí he empezado a hacer un camino de oración. Un día, estando en oración, le he escuchado: Yo sueño hacerte feliz y que tu hagas a muchos felices. Me he quedado tan sorprendida que no lo podía creer: ¡Jesús sueña conmigo y sueña lo mismo que yo! En ese momento he intuido que su corazón batía al mismo ritmo que el mío, que Él estaba íntimamente unido a mi vida, me conocía y me amaba. Esta experiencia fue tan fuerte que la querría compartir con todo el mundo. He madurando este deseo hasta el día que he decidido consagrar mi vida a Dios para llevar la Buena Nueva a los más pobres – aquellos que no lo conocen.

La llamada a Togo es compartir con los hermanos togoléses la riqueza del Evangelio, enseñarlos a hablar con Dios y ser un pequeño reflejo del Amor que ha bajado hasta ellos. A lo largo de estos 15 años, he sido testigo de la fuerza del amor, en el corazón de mis hermanos, en gestos concretos como: amar gratuitamente, perdonar sin reclamar, ver en el otro un hermano sediento del amor de Dios. He visto cómo el amor tiene fuerza para cambiar una vida y hacerla feliz.

Ser misionera es la aventura más bella que Dios podía haber soñado para mí. Estoy muy agradecida y quiero seguir entregándole mi vida en la esperanza que un día estaremos todos juntos delante de Él contemplándolo y alabándolo.

Fatima Pinho SEMD Togo

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Ana Maria Palma GonzálezTestimonio vocacional 11. 2025