Soy feliz porque Le pertenezco y Él me pertenece

M. Gisella Corti (Tuti)
6 febrero, 2021
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Me gustaría compartir con ustedes la felicidad de pertenecerle a Jesús. La alianza que Dios hace con nosotros significa que le pertenecemos a Él, somos de Dios y somos para Dios. Por amor,  Él es Dios con nosotros, está con nosotros y es para nosotros.

 

¿Qué me hace feliz? Primero, que Jesús me pertenece como Esposo. Él quiso amarme y elegirme sin merecerlo. Soy feliz porque puedo pasar toda mi vida con Él, aprendiendo a compartir con Él todo y creciendo en la relación con Él. Soy feliz porque no vivo sola, sino que tengo un compañero de camino que me recibe como soy: con luces y sombras, con fuerza y debilidad, con lo lindo y lo no tan lindo.  Me abraza con todo. Soy feliz porque puedo sostenerme en Él y saciar en Él la sed de Amor de mi corazón. Soy feliz de que Dios me haya elegido desde la panza de mi mamá y haya hecho camino conmigo a lo largo de mi historia hasta este momento.

 

En segundo lugar, soy feliz porque le pertenezco a Jesús como Esposa. Puedo entregarle todo lo que soy, cada instante de esta vida que me ha regalado. Soy feliz porque Él me comparte su misma misión de anunciar a cada persona que somos hijos e hijas muy amados por el Padre y  hermanos entre nosotros. Soy feliz porque me abre su corazón, confía en mí y me necesita. Feliz porque puedo aprender de su mano a amar y a servir a cada hermano mirándolo con la dignidad con la que Él lo mira y quiero mostrarles que Jesús da la vida por ellos y los rescata.

 

En tercer lugar, soy feliz porque descubro que puedo vivir esta pertenencia a través de personas concretas. A través de mi familia que me ha cuidado y me cuida tanto: mis papás, hermanos, tíos, tía abuela, primos y abuelos. A través de mis amigos del colegio y del grupo. A través de cada persona que me regaló. Y a través de esta hermosa comunidad que me regala: Con hermanas y hermanos con los que comparto la vida, con mis hermanos servidores y mis hermanas y hermanos JuSeM. Cada una de sus vidas es un regalo que no merezco. Es una alegría poder ayudarnos a caminar y a crecer en amor, viviendo la misión y construyendo un mundo más justo, humano y fraterno.

 

Por último, creo que cada uno de nosotros está llamado a vivir esta pertenencia con Dios desde nuestra vida,  vocación y desde nuestro lugar. Ese es el camino de la felicidad: ser suyos y saber que El está con nosotros.

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