Por lo bello a lo eterno 12

Una Iglesia pobre para los pobres
Este pesebre africano que he pintado nos enseña a ser una Iglesia pobre para los pobres.
Jesús al llegar es acogido al margen de la “civilización”: unas chozas, algunas casas y la silueta de la ciudad quedan detrás. Vemos a una mujer musulmana. Representa a los musulmanes, divididos entre sí, sufriendo ellos los primeros el terrorismo. Pero también representa el sufrimiento de las mujeres que aún no tienen voz ni dignidad en sociedades de dominación masculina. Mujeres que cargan el peso de los hogares y de la educación de los hijos sin formación ni medios adecuados para ello.

Delante vemos a un viejo sabio indio, representando la sabiduría de las grandes culturas asiáticas. Culturas azotadas por la pobreza, pero dignas y bien capaces de acoger a Cristo.
Hay también una niña africana, con una sonrisa radiante, que permite a Jesús poner su mano en la suya. José la ha incluido en su abrazo. Representa a la juventud africana, con su alegría de vivir y sus esperanzas, pero también con su fragilidad, precariedad y vulnerabilidad.

José con su gran abrazo prolonga el abrazo del pequeño Jesús para todo el mundo. Está consciente y sorprendido, contemplando lo que sucede. Está protegiendo a esta familia que quiere extenderse a toda la humanidad. María está pendiente del niño, sosteniéndolo, para presentarlo a todos. Acaba de darle un beso. Se siente protegida por José y por la providencia del Padre. Quiere que todos conozcan el Amor que viene por este Niño.

No puede faltar el Niño: está en el centro, frágil, pero contento, con los brazos abiertos, acogedor e irradiando esperanza. El es la fuente de luz en la imagen. El es nuestra luz.

Hay una gallina con sus polluelos: es el símbolo de la providencia de los pobres; pero también de lo que ha venido hacer: Refugiar a los hijos de Dios como ella que en el peligro recoge a sus polluelos bajo sus alas.
Vemos un perrito, como los de aquí a Dapaong, con la punta de la cola blanca, que acompaña a los hombres, los defiende, es fiel pero sufre sus maltratos; representa a la creación que también espera ser liberada. Y el pájaro, azul con la mejilla roja, de los que tenemos en nuestro jardín. Es el mensajero del cielo que canta la llegada del Mesías cuando la noche es aún oscura.

El techito que han encontrado María y José es un “apatam” como los de aquí en Dapaong para protegerse del sol, para trabajar, comer y beber debajo. Los troncos están torcidos, pero sirven humildemente junto con la paja que los cubre; ambas cosas tan insignificantes se han convertido en un techo protector y aliviador. Así quise representar un pesebre pobre de “una Iglesia pobre para los pobres” (cf. EG 198).

Sabio indio

Perrito

Delante queda una plaza libre para ti. Te pregunto: “Y tú, ¿dónde quieres estar? ¿Quieres acogerme como vengo? ¿Quieres meterte en el mundo de tus hermanos cómo está? Yo te espero ahí. Yo te voy a enriquecer ahí. Te voy a dar muchos amigos. Y también, necesito tu parte. Necesito que tú te hagas amigo de los pobres. Y ahí estaré entre vosotros.”

Crista SEMD Comunidad de Lomé (Togo)

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