¿Hay algo más?

Mi nombre es Annette, soy alemana y vivo en Colombia como hermana misionera. Muchos años atrás, mi sueño era tener una familia, un buen trabajo, una casa y poder viajar. Al mismo tiempo, cuando comenzaba mi vida de estudiante, me inquietaba una pregunta: ¿Hay algo más? Tener todas estas cosas es muy bueno, pero… ¿Eso es todo? Y si no lo es, ¿cuál es el sentido de mi vida? Buscaba algo por lo que valiera la pena darlo todo.

Desde los 15 años, empecé a participar en encuentros juveniles de la Iglesia donde pude conocer más a Dios y a personas que tenían un modo distinto de tratar a los demás. Lo curioso era que, a medida que participaba en esos encuentros, mi sed no se calmaba, sino que sentía cada vez más deseos de «algo más».

Un día, a los 21 años, recibí una invitación a un día vocacional. El folleto decía: «La vida consagrada – ¿algo para ti?» Yo pensaba: «¡Claro que no, no creo que sea para mí!», pero ¿saben qué? Tenía la sensación de que Alguien me estaba invitando, me sentía como cuando alguien te pide una cita. Cuando fui al encuentro, vi en aquellas personas consagradas una forma de vivir que había estado anhelando sin saberlo. ¡Una vida al servicio, una vida compartida y una gran libertad y alegría! Fue como un flechazo en mi corazón sentir que, a través de ese encuentro, Jesús estaba llegando a mi vida, mirándome con amor infinito, diciéndome: «¡Ven y sígueme! ¡Quiero ocupar el primer lugar en tu corazón!»

Luché bastante con Dios y conmigo misma porque esta propuesta de vida me hacía salir de lo que consideraba «normal». Suponía renunciar a cosas que había dado por hecho e invertir mi lista de prioridades, priorizando el servicio por encima del éxito. A pesar de mis intentos de silenciar aquella voz dentro de mí, no encontraba paz hasta descubrir cada vez más cómo Dios quería realizar el sueño que había puesto en mi corazón.

Al conocer a la comunidad Servidores del Evangelio y al dar el paso de vivir con las hermanas, sentí que en la vida fraterna y en la misión, ¡mi corazón encajaba! Había encontrado mi lugar. Dios se me fue mostrando como Aquel que me ama con amor eterno y que cuenta conmigo para llegar a otros jóvenes. Hasta hoy, me lleva a los lugares más perdidos donde nadie va para mostrar con mi vida que Dios es ternura y que no se olvida de ninguno de sus hijos.

¿Te animas a preguntar a Jesús qué sueño tiene para ti?

Annette SEMD Colombia

Si te perdiste el anterior testimonio vocacional AQUI

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