Celebramos el milagro de la vida

“Alabaré jubiloso las obras de tus manos. Oh Señor, cuán grandes

29 mayo, 2021
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“Alabaré jubiloso las obras de tus manos. Oh Señor, cuán grandes son tus obras!” (Sal 91, 4-5)

 

Es el grito de agradecimiento que brota de nuestro corazón cuando reconocemos cómo Dios intervino en esta difícil situación del accidente que vivimos hace cuatro meses. Y os lo queremos compartir.

 

El 27 de enero 2021, cerca de Lomé, en Togo, tres hermanas y un hermano consagrados tuvieron un fuerte accidente de coche. Cristina y María tuvieron que ser hospitalizadas. María estuvo entre la vida y la muerte durante varios días.

 

En el momento justo Dios nos envió a hermanos para ayudarnos. Precisamente tras del accidente, pasó por el lugar un sacerdote y llevó en su coche a los heridos al hospital más cercano. En Lomé, Justin, un joven  de la comunidad, enfermero anestesista, acogió a las hermanas en la clínica y, con mucho amor, cuidó de ellas en cuidados intensivos haciendo horas extras. El cirujano, Profesor Dosseh, tomó muy buenas decisiones y acompañó todo el proceso de curación con mucha dedicación y profesionalidad. El fisioterapeuta, Prosper,  asumió la rehabilitación de María en el hospital y la continuó en casa. Tres hermanas misioneras: María Amparo, Laura y Chole que vinieron a Togo para sostenernos. Podríamos seguir con una gran lista de tantos buenos samaritanos que encarnaron la presencia cercana de Dios y su ayuda.

 

También reconocemos a Dios en las fuerzas y el amor que nos ha dado para ponernos al servicio de las enfermas: idas y vueltas al hospital, días y noches sin dormir a su lado. Nos sentíamos con fuerzas y sabíamos que éstas provenían de la oración de tantas personas en el mundo entero que estaban orando: desde  América Latina hasta Japón pasando por África y Europa. Y aún ahora, Dios sigue dando a Cristina y  a María la paciencia para vivir este tiempo de recuperación.

 

La providencia de Dios se concretizó también en quienes generosamente nos ayudaron a pagar los gastos de la hospitalización.

 

Y sobre todo, está la intervención misteriosa de Dios que permitió a María seguir viva en medio nuestro ¡y esta es nuestra mayor alegría!

 

Gracias Señor por el regalo de la fe que nos hace reconocer en una situación tan difícil que Tú estuviste y con tu poder hiciste brotar la Vida de la muerte.

 

La comunidad de Togo

 

 

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