Teletrabajo

6 junio, 2020
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Soy Chary, profesora de Inglés de un instituto cualquiera de una ciudad cualquiera. Yo como una gran mayoría de la gente de este país me he visto obligada a trabajar desde casa.

Al principio no me lo podía creer ni lo quería aceptar. Nunca me ha gustado estar delante de un ordenador, pero esta vez no me ha quedado más remedio.

Supongo que el teletrabajo tiene algunas ventajas: puedes estar en casa con zapatillas y chandal, tomarte un café de vez en cuando, incluso no peinarte.

Sin embargo, yo veo muchas mas desventajas que ventajas: para empezar con el teletrabajo no tienes horarios, nunca acabas y eso significa que descuidas otras muchas cosas muy importantes como tu familia e incluso a ti mismo. A la vez que trabajas te conviertes en una prolongación y creas una malsana dependencia y adición a la máquina.

El otro día me preguntaba mi hija (que me ve enchufada al ordenador todo el día): ¿mama, que vas a hacer cuando solo tengas que trabajar en el instituto? Buena pregunta que me hizo reflexionar bastante.

La verdad es que estamos rodeados de máquinas. Algunas nos “ayudan” a realizar tareas cotidianas, otras nos “entretienen”, nos hacen evadirnos y olvidarnos de la realidad y hacen nuestras vidas más placenteras.

Yo me pregunto, ¿cuál será el precio que tengamos que pagar cuando todo esto termine?, ¿volveremos a ser personas “normales “donde lo más importante sean nuestros sentimientos, preocupaciones y alegrías? O por el contrario ¿nos habremos convertido en parte de una tecnología deshumanizada? Aparatos muy eficientes, pero a la vez, desprovistos de alma.

Difícil cuestión que deja nuestro valor e integridad como personas en el aire de incertidumbre.

Chary Ortega

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ula doniecka Que verdad tan grande esto que dices, Doris, "cada uno elige como quiere vivir las circunstancias que le tocan vivir". Hay muchas cosas que nos vienen impuestas por la situación o por nuestra responsabilidad pero podemos elegir qué actitud tomar frente a ellas y esta libertad interior es lo más grande.
María Doris Castaño Torres Si soy yo quien elige vivir, puedo elegir vivir dejandome llevar por las circunstancias o puedo contar con Dios para vivir y pensar que viviré este momento de coronavirus y después del coronavirus atenta a lo que Dios me pide vivir en cada momento. Es verdad que puedo dejarme llevar de hábitos que no son tan buenos pero la fuerza de Dios está en cada uno, si no le pido la fuerza a Dios. No puedo hacer cosas por los demás como amar al que recibe lo que yo estoy haciendo. Lo que estoy haciendo, lo estoy haciendo para alguien que es importante para Dios y si es importante para Dios es importante para mí. Eso para antes del coronavirus y para después. Amar lo que hacemos nos pone al servicio y nos hace sentirnos importantes.
ula donieckaTeletrabajo