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Vocación de Servidor célibe

 

 

¿Qué significa ser Servidor célibe? Es uno de los estados de vida de nuestra comunidad, Alfredo nos lo explicó en su introducción a la misa de renovación de su consagración, que tuvo lugar en Merlo-Moreno el 26 de Noviembre de 2017.

 

 

Queridos hermanos queremos compartirles brevemente cómo intentamos vivir esta vocación de Servidor Célibe.

Américo, Amelia y  yo, al igual que todos ustedes, por medio del bautismo somos consagrados. En nuestro caso. Dios nos llamó para vivir esta consagración de un modo especial, pero no como un privilegio, sino como una misión siempre en salida hacia el corazón de todos aquellos que Él nos confía.

 

 

Misión que asumimos viviendo en pobreza, castidad, obediencia y amor fraterno, como signo de nuestra entrega total a quien nos llama para trabajar en su viña. Este compromiso lo realizamos bajo el seno de la comunidad de Servidores del Evangelio de Dios, de la cual somos parte, siguiendo su carisma misionero de anunciar la BUENA NOTICIA DEL REINO DE ESPERANZA para todos los hombres en especial a los más pobres, desde la acción pastoral que cada uno de nosotros desarrollamos en nuestra Diócesis de Merlo-Moreno y fuera de ella.

 

 

Amelia que vive en Quilmes, acompañando a los jóvenes misioneros de la zona de EL PATO, la catequesis de adultos, la visita a los enfermos y la administración de la casa de retiro del obispado de Quilmes;

 

 

Américo, aquí en esta casa que también es la mía, acompañando la catequesis especial para los sacramentos de iniciación, además de la función de todo terreno;

 

 

De mi parte, en donde vivo, la casa de espiritualidad de la Diócesis, acompañando al nuevo grupo de la IAM (infancia y adolescencia misionera), a los vecinos  en su lucha por un barrio digno, y llevar adelante el proyecto de la fundación de la nueva capilla que tanto anhelan, la visita a los enfermos en el hospital de Moreno, además de acompañar al equipo de animación bíblica de la Diócesis.

 

 

Por último, queremos compartirles que todo lo que realizamos y vivimos lo hacemos con alegría, con fuerza, teniendo la certeza de que el PADRE DIOS nos escucha a través de nuestra vida de oración diaria, que su HIJO JESÚS nos nutre con su cuerpo en la EUCARISTÍA  y su misericordia y perdón en la RECONCILIACIÓN periódica, y el ESPIRITU SANTO nos ilumina y nos da la fuerza para seguir adelante.

 

 

Hemos celebrado nuestra renovación de la promesa en clima de fiesta, con la alegría de los hijos de DIOS y dándole gracias por su presencia que nos hace sentir que vale la pena seguir viviendo esta opción de vida.

  

 Alfredo