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El viaje más largo comienza con un solo paso

ºº千里の道も一歩から。

 

   Este es un proverbio japonés muy elocuente para expresar nuestra misión en Japón. Saber adónde nos dirigimos es muy importante pues de lo contrario en vez de ir a Polonia, acabamos en la Patagonia. Sin embargo, cada paso de ese camino es muy importante. Cada intento, cada detalle, cada esfuerzo es muy valioso. Cada momento es vital. Es el inhalar y exhalar del camino de la vida.

 

   El primer viaje realizado por jóvenes japoneses a Europa fue ese LARGO VIAJE. El viaje se conoce como: “La Embajada Tensho” y tuvo lugar en el siglo XVI (1582-1588). La embajada estaba formada por cuatro muchachos de 14 a 16 años, parientes de tres descatados daimyo convertidos al catolicismo, y estudiantes del seminario de los jesuitas en la provincia sur de Japón, en Arima (Kyushu). Partieron el 4 de Febrero de Nagasaki con destino Portugal, España e Italia donde se entrevistarían con el Papa en Roma. Su principal misión fue dar a conocer el cristianismo vivido en Japón y aprender de la fe vivida en Europa. Regresaron a Japón después de seis años y allí se encontrarían con las primeras persecuciones a la fe cristiana y que la película “Silencio” de Scorsese nos ha mostrado de una forma tan cruda pero real. De hecho dos de estos jóvenes embajadores murieron mártires en Nagasaki.

 

   Cada año desde nuestra comunidad de Japón en Febrero organizamos con un grupo de jóvenes universitarios una peregrinación a Portugal siguiendo las huellas de estos jóvenes. En este mismo momento estamos trabajando duro para que la peregrinación de este año pueda ser una experiencia única para los jóvenes. En total, solemos ir unos veinte y la inmensa mayoría no son cristianos. En los ocho días que dura nuestra peregrinación recorremos llenos de ilusión las mismas ciudades, oramos en los mismos sitios e incluso escuchamos el mismo órgano que tocaron estos jóvenes en la Catedral de Évora.

 

   Intentamos impregnarnos de su misma fe. Y sin embargo, el broche de oro se lo lleva siempre la Virgen de Fátima.

 

   El año pasado, en especial, nuestra estancia en Fátima marcó para siempre las  vidas de los jóvenes. La experiencia de fe del Rosario rezado en diez idiomas (incluído el japonés, por uno de ellos) y la procesión de las velas donde miles de peregrinos seguíamos la estatua de la Virgen de Fátima cantando a una sola voz y con un solo corazón el “Ave María” les causó un impacto muy profundo.

 

   Una chica no cristiana me decía mirando a los peregrinos: “su fe se ve en sus caras. Yo también quiero esa fe”. Cuando al final del viaje compartimos la experiencia, todos expresaban lo mismo: “esta peregrinación ha significado mucho para mí”. Meses más tarde cuando de nuevo nos reunimos dos de los chicos no cristianos expresaban que ¨en los cuatro años de universidad ésta había sido la experiencia que más les había marcado¨.

 

   La tarea evangelizadora en Japón es como regar un campo con el sistema de goteo. Es gota a gota, sonrisa a sonrisa, detalle a detalle, palabra a palabra. Y Dios da el fruto.

 

  Gracias por vuestras oraciones y seguimos contando con ellas.

  Rosario Garrido