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Tres años sobre una piedra

 

石の上にも三年

 

 

   Tres años sobre una piedra es un provervio japonés que nos habla de cómo la paciencia del amor de las misioneras en Japón llega a dar fruto a su tiempo. Rosario nos cuenta la historia del japonés Dai Asakura y cómo llegó a querer bautizarse, con el apoyo de su esposa budista.

 

 

   Este proverbio japonés tiene su origen en la meditación zen. La piedra expresa la dificultad, la dureza de las cosas. Sin embargo, tres años encima de ella hacen que uno se acostumbre a estar allí, aprenda a ser paciente, y pueda llegar a la iluminación o "satori" que es el culmen de la existencia del discípulo zen. Esta enseñanza nos es muy útil en Japón. Sobre todo en nuestro trabajo misionero.

 

 

   Me viene a la mente el caso de un universitario no cristiano que conocimos hace siete años. Su nombre es Dai Asakura. Era estudiante de español en la Universidad Sophia, una de las mejores de Tokyo, fundada por los jesuitas. Vino a la reunión  en la que presentábamos el proyecto de unas misiones en Argentina. Era la tercera vez que se hacían. Se entusiasmó y decidió venir.

 

 

   Fueron quince días donde el grupo de siete incansables jóvenes (dos chicos y cinco chicas, la mayoría no cristianos) fueron recorriendo las casas de Vera y Pintado. Visitaron las familias, jugaron con los niños y compartieron con los jóvenes. La experiencia fue muy enriquecedora para Dai, pues además de la oportunidad de practicar el idioma, pudo conocer gente que era feliz con la tercera parte de lo que un japonés piensa que necesita para ser feliz. La acogida sencilla de las familias y sobre todo la alegría de los niños le desarmó. Volvió a Japón con ganas de vivir en su país lo que había vivido en Argentina. Pasó el tiempo y la vida hizo que perdiéramos el contacto.

 

 

   Hace un mes recibimos una llamada de teléfono, era Dai. Ahora es un hombre casado, padre de una niña pequeña. Quería venir a nuestra casa de Tokio y hablar. Nos contó que se quería bautizar y nos pedía que le preparásemos para ello. Le preguntamos el porqué quería dar este paso. Nos dijo que en los momentos difíciles en que se había encontrado, lo único que le había sostenido era recordar esa experiencia de Vera y Pintado. “Me di cuenta de que en medio de la dificultad que ellos vivían, lo que llevaba hacia adelante y les hacía luchar y vivir con alegría era su fe. Yo necesito esa fe. Se la he pedido a Dios y aquí estoy. Quiero ser cristiano.” Su esposa es budista y le apoya por completo en su decisión. Ya os podéis imaginar la alegría que nos dio su repentina visita y la esperanza que generó en nosotras.

 

 

 

   “Tres años sobre una piedra”, nos enseña que el amor y la paciencia dan fruto. Por supuesto, nosotros somos simples instrumentos, el que lo hace es Él, pero necesita que no nos cansemos y sigamos confiando y trabajando. Gracias por vuestras oraciones.  

 

 

Rosario Garrido

Misionera en Japón, desde hace más de 20 años