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Testimonio de Paula en Japón

Paula nos comparte su experiencia de voluntaria durante los días del 20 al 26 de mayo en la prefectura de Iwate.

 

Debido al terremoto y tsunami que asoló la zona noreste de Japón, Cáritas está actualmente colaborando con las actividades de ayuda y auxilio para los damnificados a través del centro de apoyo que la diócesis de Sendai ha creado para tal propósito. Por ese motivo, ha establecido diversos “sitios base”en las localidades de: Ishinomaki, Shiogama, Maegawa, Kamaishi etc.

 

Yo he tenido la suerte de poder ir de voluntariado a la iglesia de Kamaishi, situada en la prefectura de Iwate, durante los días 20 al 26 de Mayo. Allí hemos coincidido voluntarios de todo Japón que por encima de edad, sexo o religión hemos vivido en un clima de amistad, responsabilidad y alegría fraterna muy bonito. Muchos de los voluntarios no profesan ninguna religión, sin embargo para mí ha sido una experiencia muy fuerte el ver la abundancia del amor de Dios a través de esos corazones.

 

Me sorprendió mucho el saber que la mayoría era gente que había pedido expresamente unos días de vacaciones en el trabajo para poder ir allí. Otros, eran gente mayor que vivía de su pensión pero que querían colaborar transportando cosas que se necesitaran… Uno de ellos hasta había comprado una furgoneta para ese menester. También me encontré con un universitario que había venido de Hong Kong; aunque sólo podía estar tres días nos dijo que había venido para ver qué se necesitaba y después regresar con más compañeros.

 

Otras personas que son imprescindibles en el centro base son las religiosas que cada semana se van turnando en grupos de dos en dos para hacer la comida. Ellas cocinan desayuno, comida y cena para todos los voluntarios que estamos allí, unos 20 ó 30 en total. Con toda la imaginación y cariño de su corazón utilizan lo que hay y lo transforman en platos deliciosos. Es una experiencia viva de Reino de Dios donde cada uno aporta lo que es y lo que tiene y todos se enriquecen.

  

El horario que llevábamos era el siguiente:

6:00 - 7:45   Desayuno

7:45 Reunión ( Se nos dice las actividades que habrán ese día, y cada uno se apunta a los distintos   turnos que hay. Se acaba con una oración final ofreciendo el día)

8:00 Limpieza del centro entre todos. Salida de los distintos grupos para las actividades del día a   los pueblos de alrededor

8:30 Salida de los grupos que van a una actividad situada en la vecindad

       Comida libre (Cada uno se hace y lleva su “oniguiri” o “bolas de arroz” para comerlo fuera. El grupo que trabaja por el vecindario regresa a las 12 y come en el sitio base)

16:00 Se acaban los trabajos.  Tiempo libre  (duchas, lavar ropa etc.)

18:00 – 19:45 Cena

19:45 Reunión   (Nos repartimos en grupos y compartimos las experiencias del día diciendo lo que ha hecho cada uno. Al final tenemos un rato de silencio, hacemos el examen del día y damos gracias)

20:30 Oración de Taizé  ( para el que quiera)

23:00 Hora de dormir.

 

La mayoría de voluntarios salen en grupos para quitar escombros, limpiar el barro que e ha metido en las casas etc. Un día hasta tuvieron que sacar del lodo un barco que casi había quedado sepultado. Sin embargo, la mayor parte de las veces como no se puede utilizar maquinaria, porque estropearía las casas, el trabajo que se realiza es a mano o con algunos instrumentos sencillos y esto lleva mucho tiempo.  Los voluntarios que van preguntan a los supervivientes de cada casa qué es lo que quieren conservar y qué tirar, luego limpian y arreglan todo juntos. Para las víctimas del tsunami es una tarea muy dolorosa, por eso los voluntarios conociendo sus sentimientos actúan con mucha delicadeza y respeto, siendo esta ayuda muy valiosa e importante.  

 

Si me preguntáis con que intención yo me fui a Kamaishi, diria que cuanto más veía noticias de las victimas del terremoto y del tsunami, más experimentaba que Jesus estaba crucificado en esos hermanos y necesitado de ayuda. Por eso deseaba poder echarle una mano, aunque fuese poco lo que pudiese hacer.

El tipo de voluntariado que yo realicé en Kamaishi fue el de distribuir ropa, alimentos etc. y el de recibir a los damnificados y escuchar sus problemas. La mayoría de casas que se encuentran alrededor de la iglesia, todavía no tienen ni gas, ni luz, ni agua.

 

Además de eso, como el tsunami destruyó todos los comercios, no hay ninguno en donde poder comprar lo necesario de cada día. Sólo hay un supermercado a treinta minutos caminando hacia la estación de tren, pero para las personas mayores está demasiado lejos, aparte de que como hay muchos sin trabajo no tienen dinero suficiente para comprar nada.  Por eso lo que se reparte en la iglesia es de gran ayuda para todos ellos. No sólo vienen las personas que viven en las casas que no se ha llevado el tsunami, sino que también vienen los que se encuentran en los centros de refugio. La ayuda material llega desde todas las partes de Japón a través de donaciones particulares, iglesias, etc. Cuando yo estaba allá llegó una donación de la iglesia a la que pertenecemos, iglesia de Ogikubo, y todos la recibieron con una alegría inmensa y una gran acción de gracias. Ahí pude comprobar lo que es la providencia de Dios pues justo eran cosas que estaban necesitando urgentemente.

 

Al lado de la zona de repartición de víveres  han puesto una zona donde poder tomar algo y hablar con todo el que lo necesite: la cafetería. Yo formaba parte de ese grupo que llamamos “terapia del corazón”. A los que se acercan para conseguir comida, ropa etc. les invitamos a tomar un café o té y así tenemos la oportunidad de poder compartir con ellos.

 

Cada día eran muchos los que se sentaban allí con nosotros y abrían el corazón. Son situaciones tan dolorosas las que han vivido que el que escucha sólo puede hacer eso, escuchar. Sin embargo para el que habla parece que un peso se le quita de encima y lo que más agradecen es que haya gente dispuesta a escuchar y compartir su sufrimiento. Son muchos los que dicen todo lo que les ayuda el venir allí a tomar un café y poder hablar. Es una alegría muy grande el ver que la iglesia se está convirtiendo en ese sitio de descanso al que Jesús se refiere cuando dice: “venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”.

 

El horario de repartir cosas y de la cafetería es de 9 a 12 de la mañana, y de 1 a 5 de la tarde. Yo estaba todo el dia allí y por la tarde iba al “ofuro” o baño japonés y después cenaba. A partir de las 6:30 salíamos para visitar a la gente de los centros de refugio. Durante una hora y media recorríamos unos tres centros más o menos. Formábamos parte del equipo médico y así mientras les dábamos un masaje podíamos hablar con los que estaban en el refugio. Son gente que ya lleva más de dos meses viviendo allí y debido al estrés tienen muchos problemas de dormir. Al sentirse relajados por el masaje se les hacía más fácil  abrír el corazón y compartir con nosotros acerca de sus familias. Un pescador me contó cómo el tsunami le llevó su casa, su barco y su esposa. Esos momentos eran para mí valiosos y se convertían en momentos profundos de oración. Es Jesús crucificado en ellos que abre su corazón a alguien tan indigno como soy yo. Alguien que sin embargo por mucho que quisiera ayudarles experimentaba una incapacidad total. Simplemente estaba con cada uno escuchando y deseando que sintieran que Dios no les había abandonado en su desgracia.

 

A partir de ahora me encantaría poder seguir acompañando todas estas situaciones el tiempo que sea necesario. Si Dios lo permite iré de nuevo el mes que viene a Kamaishi y puedo decir sinceramente que todo el que va allí regresa con el corazón lleno y con ganas de volver.

 

Muchas gracias por todo y os pido oraciones por todos estos hermanos japoneses.

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