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Testimonio de un padre de familia

   Testimonio de Gonzalo un servidor del Evangelio, padre de familia, de Buenos Aires. Nos habla de lo que han significado para él y los servidores estos 15 años de la comunidad en Argentina como aporte para el Belén, la Asamblea general de la Asociación.

 

 

   El fin de semana pasado, en la casa de espiritualidad de la diócesis de Merlo-Moreno nos reunimos los servidores de Buenos Aires para hacer llegar nuestro aporte al próximo Belén (Asamblea General) que se celebrará en España, y quería compartirles mi mirada.

 

   Desde hace 15 años, cuando llegó a Argentina la comunidad de Servidores del Evangelio, las misioneras y los misioneros nos han compartido la fe de Jesús, pero la fe de un Jesús vivo.

 

   Conocimos una manera de orar distinta, más cercana. También una forma distinta de tratarnos los unos con los otros; una relación más fraterna.

 

   A través de sus convivencias, lanzamientos, retiros de verano o de matrimonios, en la preparación de las misas, vía crucis, cursillos, talleres, escuelitas de oración y misiones.Todas éstas fueron experiencias del Amor de Dios hacia nosotros que nos iba formando como personas en el seguimiento de Cristo.

 

   Aunque la formación no se termina nunca, pues siempre estamos en camino, podemos afirmar que los servidores ya no somos los mismos que hace 15 años y hemos escuchado la invitación de Jesús a seguir construyendo el Reino.

 

   Todos los servidores podemos ir formando y compartiendo la fe e ir haciendo experiencia de Dios con otros hermanos como lo han hecho con nosotros. Jesús nos llama a seguirnos formando dando a los demás lo que hemos recibido: formarnos formando a otros para que también anuncien a Jesús.

 

Como nos dice la Palabra: “… Hermanos, siempre debemos dar gracias a Dios a causa de ustedes y es justo que lo hagamos, porque la fe de ustedes progresa constantemente y se acrecienta el amor de cada uno hacia los demás…” (2 Tes 1,3)

Sentimos una necesidad fuerte de anunciar a Jesús. “… Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hch 4,20)

 

Les mando un abrazo grande y que mamá María nos siga protegiendo.

 

Gonzalo Ibarra

 

 

 

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