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"Sonrisas y lágrimas"

El día dos de septiembre tuvo lugar la Misa de envío de Ángela a Perú, seguido de un aperitivo y una pequeña fiesta. El sabor de la Misa fue agridulce. Aunque sabemos, ¡de cierto!, que Dios no se deja ganar en generosidad, y que cuando pide la entrega total a una persona, le ofrece mucho más a cambio, pudimos ver la iglesia llena a rebosar de gente que sentía mucha pena por la despedida de Ángela: gente de todas las edades, pero sobre todo de jóvenes.

 

 

Ángela es una misionera que, en sus 13 años de trabajo pastoral en la diócesis de Guadalajara, se ganó el cariño de muchísimas personas. Fue para ellas ese lazo humano que hace presente el cariño y la entrega generosa de Dios, atrayendo a todos hacia Él. La familia de Ángela estaba asombrada de lo que veía (aunque era tan solo un poquito del fruto de su vida).

 

 

Los que vinimos a despedirnos de ella en este día, pudimos celebrar el don de su vida misionera y escuchar también la llamada a tomar el relevo. Esto no significa hacer lo mismo; significa, sin embargo, abrir el corazón a Dios y dejarse llamar; significa ser generosos con Él, desde lo que cada uno de nosotros es.

 

 

Ángela, damos gracias a Dios por lo que nos has dejado disfrutar de tu vida. Ahora serás una bendición para el pueblo peruano y para el Señor, “que está enamorado de ti” (Is 54,10) y te bendecirá en ese pueblo. Cuenta con nuestro cariño fraterno,como nosotros también estamos seguros de que rezarás por nosotros y por todos que has conocido en tierras alcarreñas.

 

Ula