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Quiénes somos

   Somos una joven Asociación misionera católica llamada “Servidores del Evangelio de la Misericordia de Dios”; aprobada en Alemania, el 27 de septiembre del año 2002, como “Asociación privada de fieles de derecho diocesano” por el obispo de Münster Mons. Lettmann.

 

   Nuestra asociación fue fundada por un grupo de misioneros de distintos estados de vida: consagrados/as, laicos y sacerdotes. Somos una gran familia de hermanos en la fe, en la que matrimonios, adultos, jóvenes y niños, compartimos una misma Espiritualidad y Misión.

 

   Desde el principio, estuvimos repartidos por numerosos países muy diferentes y distantes entre sí: Alemania, Polonia, España, Portugal, Francia, Bélgica, Argentina y Japón. A lo largo de estos años Dios ha querido bendecirnos con unas pequeñas - nuevas comunidades que están iniciando su camino en medio de realidades también muy diversas: Corea del Sur, Ucrania, Colombia, Perú, Israel, Togo, Brasil, Filipinas e Italia.

 

    Llamados como Familia a anunciar la Misericordia de Dios

 

   Como familia, al descubrir el latido conmovido del corazón de Dios por la humanidad, sentimos la llamada a hacer de nuestra vida encarnación del Amor Misericordioso de Dios para todos los hombres. En un trato cercano y vivo con Cristo, escuchando su “Tengo sed” (Jn 19,28), queremos vivir con esa misma pasión que le guió a Él a anunciar el Evangelio y a entregar su vida por la unidad de todos los hombres.

 

   En Comunión para la Misión

 

   Queremos vivir en una comunión profunda entre nosotros (toda la familia servidora), con la Iglesia y con todos los hombres. Nuestra historia ha estado marcada desde el inicio, por un camino de descubrimiento agradecido de la Iglesia como Madre y Hermana. A ella pertenecemos por gracia, de ella aprendemos continuamente y la sentimos también confiada a nosotros por Jesús. Con ella queremos caminar, poniéndonos al servicio de la comunión eclesial y con ella ser signo y fermento de unidad para todos nuestros hermanos en el mundo entero.

 

   Algunos somos misioneros consagrados al servicio del Evangelio a tiempo completo, otros son sacerdotes diocesanos y otros laicos comprometidos desde el lugar en el que viven y trabajan.  Vivimos la misión intentando cada uno ser fiel a su vocación específica. Es habitual que nuestras actividades las preparemos y llevemos a cabo en equipo: misioneras, misioneros, laicos y sacerdotes.

 

   La oración de Cristo: “Que sean uno, para que el mundo crea” (Jn 17,21), nos anima cada día a no ahorrar esfuerzos por consolidar en nosotros los lazos de amor y de comunión, para hacer creíble el proyecto de Dios de un mundo de hermanos.

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