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"Queima das Fitas"

Con el lema "No dejes que te maten la esperanza" un grupo de nueve personas decidieron salir durante las fiestas de "Queima das Fitas" en Coimbra.

 

La noche tiene un encanto especial, ¿quién no recuerda alguna noche en que “haya pasado algo”? ¿quién no noches increíbles por la alegría que nos han traído y noches duras, de sufrimiento, quizá hasta de soledad?

 

También en la fe hablamos de la noche, en la gran Vigilia Pascual cantamos la noche en la que Cristo Victorioso se levanta dela muerte.

 

“Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó del abismo.”

San Juan también nos recuerda que cuando Judas sale de la última cena “era de noche”

 

La Universidad de Coimbra tiene, para sus estudiantes, una semana de fiesta: la “Queima das Fitas”, una semana sin clases donde hay conciertos todas las noches. Esa semana es una fiesta marcada por una tradición muy valorada en el ambiente académico.

 

Esas noches de fiesta pueden ser de Vida y Muerte  y nos surgía la pregunta:

¿Cómo poder ayudar a los estudiantes a vivir la noche de forma constructiva? Como invitarlos  a que realmente se diviertan en este tiempo de  “Queima das Fitas”, una fiesta que es de ellos y para ellos. ¿Cómo evitar que muchos tengan experiencias que puedan conducir a angustias y sufrimientos?

 

En esa búsqueda empezamos diciendo que saldríamos a las calles, que recogeríamos a los que por exceso de alcohol lo necesitasen y los llevaríamos a sus casas. Una idea que parecía absurda pero a la cual, para nuestra sorpresa, se apuntó un pequeño grupo de personas: “Voy contigo, voy contigo”.

 

Fuimos nueve los que salimos en Misión IMPosible en las noches de Coimbra, teníamos como lema “No dejes que te maten la esperanza”, una botella de agua, paquetes de azúcar en los bolsillos, pañuelos; intentábamos estar donde se necesitase, llevar a algunos a casa, otros hasta una ayuda técnica adecuada, escuchando los que estaban tristes y dialogando con los que nos pedían razones de nuestra esperanza.

 

La experiencia ha sido muy bonita para nosotros, misioneros, que nos sorprendíamos del modo como fuimos acogidos  en el ambiente estudiantil y de la gratitud que despertábamos en ellos. Además, percibimos la alegría de vivir como Iglesia “en salida”, descubrimos que hay una nueva forma de oración en el encuentro con el otro, hay algo del corazón de Dios que se revela así.

 

Hemos sentido que la realidad de los jóvenes no era distante, nos hemos alegrado de compartir con ellos, sonrisas, lágrimas, esperanzas, sueños e inquietudes y también hemos percibido mucha belleza en el corazón 

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