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Promesa de Servidor del Evangelio

Benia, Jola, Darek y Dominika nos cuentan sus testimonios frente a la promesa de Servidor del Evangelio y lo que Dios va haciendo en sus vidad.

 

Queridas hermanas y hermanos

 

Como sabéis, el día cuatro de octubre, tuvo lugar la promesa de servidores del algunos de nosotros. Yo, Benia, ante Dios y ante los hermanos y hermanas hacía mi promesa de servidora en la iglesia de Gdynia. Antes de dar este paso recuerdo, sobre todo, que me llamaba la atención la figura de Moisés. Él no sabía bien quién era pues se había criado en Egipto y después se había casado con una madianita. Es Dios quien le dio su verdadera identidad: “Soy el Dios de tu padre Abraham, Dios de Isaac y de Jacob”. Yo me sentía como Moisés, porque tampoco sabía quién era, si tenía que ser una persona consagrada o si tenía que ser laica, si mi lugar estaba en la comunidad o no. En el momento de la promesa sentí que Dios me daba mi identidad como servidora laica en la comunidad de los Servidores del Evangelio de la Misericordia de Dios. Me conmovió mucho el gesto del lavatorio de los pies, especialmente cuando Paola y Cristina lavaron y besaron mis pies. Me sentí profundamente acogida y totalmente aceptada por quienes besaban mis pies y por Dios mismo. Experimenté con fuerza que se me acogía con los brazos abiertos, con todas mis debilidades, errores y defectos. Esto dejó tal huella en mí que, pasado un mes de este acontecimiento, esta experiencia sigue viva y me llena de aceptación y de paz.  Esto me ayuda mucho, de manera especial, en el trabajo, cuando estoy atendiendo a personas débiles y enfermas. Me siento llamada a aceptarlas con sus debilidades y con los errores que pudieron cometer a lo largo de sus vidas. Puedo aceptarlas porque es Jesús quien primero ha lavado y besado sus pies, por lo cual, están limpios. Ya no puedo enfandarme con ellos, rechazarlos o evitarlos, como tampoco, intentar apañármelas por mi cuenta y sentir que yo sola llevo su pesada carga. Puedo acercarme a mis hermanos y hermanas acogiendo y aceptándolos porque Cristo primero ha lavado y besado los pies de todos nosotros.

Benia

 

Hacer la promesa como servidores ha sido para nosotros la respuesta al inmenso amor de Dios, que con paciencia nos ha ido acompañando a lo largo de nuestra vida. Tenemos la experiencia de la generosidad de Dios: cuando le pedimos algo, lo recibimos generosamente, incluso mucho más de lo que podríamos esperar- Por eso, hacer la promesa de servidores es expresión de nuestra gratitud a la bondad de Dios, esto era lo único que podíamos darle de nosotros mismos. También nuestra entrega a Dios, poniéndonos a su servicio, tal como Él quiera conducirnos. Tenemos conciencia del carácter misionero de nuestra vida, nos atrae el carácter internacional de la comunidad, sus varidad de estados de vida, la apertura a descubrir cada vez más la bonda de Dios que nos ama. Valoramos esto como una riqueza de la comunidad y un don que tenemos que compartir.

En la preparación para la promesa nos acompañó la gratitud a Dios por el regalo de nuestro matrimonio y el convencimento de que nuestros hijos aceptaban esta decisión. En la oración quisimos pedir perdón por el mal que hemos hecho a los demás, por no ver en el hermano a Jesús, por nuestra indiferencia hacia los otros.

Durante la celebración de la Promesa, a mí (Jola) me emocionó el gesto del lavatorio de los pies. Darek subraya la paz, la certeza y la alegría de ese momento. Nos acompañaban estas palabras: “No me elegisteis vosotros, sino que Yo os elegí para que vayáis y deis fruto” y también esta llamada:  “Con tu gracia y la ayuda de nuestros hermanos y hermanas, quiero servirte, Señor”

Somos conscientes de que esta promesa es el comienzo de nuestro camino, que seguimos siendo frágiles y que con frecuencia caemos. Pero queremos de verdad tomarnos en serio nuestra vida y poner a Jesús en el primer lugar. Queremos crecer en la relación con ÉL y contar a la gente cómo Dios nos ama sin límites y cuánto añora la amistad con cada uno de nosotros, lo fuerte que es, ya que es capaz de hacer renacer el bien incluso, allí donde se apagó la esperanza.

Desde el momento de la promesa, tenemos la sensación de que Alguien encendió una luz en el corazón. Y aunque la vida sigue adelante y casi cada día trae sus golpes, esta luz siempre se enciende. Caemos, pero esta luz se sigue encendiendo. 

Jola y Darek Kaimowie

 

Mi camino, el que he hecho y el que tengo la esperanza de que seguiré haciendo me hace responder a lo que hace unos días me preguntaban: ¿Qué vida te propone Jesús?. Al principio me pareció una pregunta muy grande y difícil, como cuando te preguntan por el sentido de la vida. Pero estando en el tren, cuando regresaba del trabajo, en un instante me vino a la mente, con claridad, la respuesta. Venía de la experiencia de mi vida, sobre todo del tiempo antes de hacer la promesa de servidora, aunque es cierto que esto había empezado hace mucho tiempo. Ahora he dado este paso que sentía que tenía que hacer y estoy en la continuación de este paso dado.

¿Qué amor me propone Jesús? Yo siempre he sido una persona encerrada en mí misma y atrapada por las emociones. Esto hacía que mi vida fuera muy difícil. Por un lado, trataba a los demás con distancia, como quienes nada tienen que ver conmigo, pero a la vez, necesitaba muchísimo a estas personas. Mi vida conistía en esto: Estaba concentrada en cómo soy: en el miedo que tengo, en qué va a pasar si salgo de mí, experimentaba por dentro la existencia de alguna amenaza, me sentía totalmente insegura.  No estaba bien. Y todo esto me acaparaba tanto que era incapaz de salir fuera de mí. Desde hace un tiempo se va dando un proceso en mi vida de verme salir de mí. Sé que no estoy sola y de que no existen solo mis líos, sino que descubro que hay otras personas y poco a poco, salgo hacia ellos.

Antes esto me parecía muy difícil y no lo comprendía. ¿Qué es lo que me fascina de Jesús?, ¿qué es lo que más me atrae de su vida? Precisamente lo que no podía comprender porque me sentía incapaz de tomar la postura que Él tomaba en la vida: Él no estaba preocupado de sí mismo. Pienso en los momentos donde Él se sintió más débil, cuando lloró,  o por ejemplo, el momento de la oración en el huerto. Yo, si estuviera en su lugar, me hubiera muerto de miedo, me habría escondido entre los árboles y no hubiera salido de ahí. Sin embargo, Él mira más a los demás que a sí mismo. Sale de su sentir humano, de su miedo. Sí, Él tenía miedo y lo había tenido en otras ocasiones pero para Él la gente era más importante que su miedo. Siempre me he considerado una persona que jamás podría conseguir vivir algo así: Pensar en los otros y olvidarme de mis líos.

Antes de hacer la promesa de servidora  y también ahora, después de hacerla, estoy en un momento en el que experimento algo fascinante:  todo aquello que antes me daba pánico, salir a la gente, el miedo a que al hacerlo perdería lo que hay en mí, me sentiría insegura y algo me sería quitado,.. todo eso ha dado paso a otra experiencia. Empiezo a salir a la gente, noto que me importan las personas. Me importan tanto que hasta me asusto. Esto antes no lo conocía. Y lo más paradógico es que el hecho de salir de mí hacia los otros me construye. Estaba convencida de que saliendo de mí perdería algo y ahora constato que saliendo de mí, me levanto. Es impresionante. Lo que creía imposible, de repente, lo descubro real.

¿Dónde buscaba antes el amor que no lo encontraba y dónde estaba este amor que hace posible que pueda abrirme, que me importe la gente y que ame de verdad? Yo siempre tuve la ilusión de encontrar el amor en los demás y hasta tal punto, lo deseaba que el otro llegaba a ser el único sentido de mi vida. Quería al margen de la fe encontrar en los otros al buen pastor que no va a huír cuando venga el lobo, que me va a defender, a cuidar y amar. Mis expectativas sobre los otros eran que se pusiesen en ese rol de buen pastor y exigía que fuesen así conmigo. Ahora soy consciente de que dejaba la fuente a un lado y que al apoyarme sólo en las personas no llegaba a encontrar el amor que estaba buscando.

Encontré este amor cuando empezaron a integrarse las personas y la fuente misma del amor: Hubo personas, estuvo la comunidad que hicieron esta conexión. En ellos fui descubriendo que tenían “un cable” que les unía a Dios. Me di cuenta de que yo también tengo “este cable” y que conectada también puedo iluminar a otras personas. Especialmente lo descubro en el trabajo. Estoy con niños que muchas veces se sienten mal, que han vivido experiencias muy difíciles. Y noto que mi trabajo ha cobrado calidad, una calidad nueva. No voy cansada, pensando que todo es difícil, sino que siento que mi trabajo es bueno y que tengo algo para ofrecer. Sí, me experimento abierta a la gente y abierta a dar.

He descubierto que se puede vivir de otra manera y que esto le da sentido a mi vida: no estoy resignada a morir por dento, sino llamada a salir de mí. Soy una persona miedosa e hipocondríaca. Pero siento ahora la diferencia a la hora de vivir esto que me invade por dentro. Incluso cuando me imagino que estoy tan enferma que lo más seguro es que la próxima semana voy a morir, sé que aun así esta semana que me queda puedo hacer mucho bien. Y vivir así lo experimento como un paso al frente muy importante, porque nunca me hubiera imaginado que podría reaccionar así. Incluso experimentando este miedo que me empuja a encerrame en mí misma, puedo dar pequeños pasos y dar gracias por ello.

Orando la cita del Buen Pastor reconocía en los asalariados a aquellos en quienes busqué el amor sin conexión alguna con la fuente y que los lobos eran aquello que me destruía. Antes hubiera esperado que los asalariados me salvaran. Ahora sé que yo tengo un “cable” y que conectada puedo iluminar, aunque me sienta una bombillita de poca potencia.

Dominika

 

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