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140 japoneses en Polonia (JMJ 2016)

   Aneta es una misionera polaca que vive en Japón desde hace cuatro años. Nos cuenta su experiencia con los jóvenes japoneses en la XXXI Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Cracovia en Julio de 2016.

 

「あわれみ深い人、は幸いである、その人たちはあわれみを受ける」

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”

 

   Fue la última semana de julio de 2016 cuando estuvimos junto con miles de personas en Cracovia cantando el himno de la JMJ. Como título he puesto el estribillo en japonés, porque tuve el privilegio, junto con Paula mi hermana de comuindad, de acompañar el grupo de jóvenes japoneses que venían a Polonia para este maravilloso encuentro con el Papa Francisco y jóvenes del mundo entero.  Me llamo Aneta y llevo un poco más de 4 años viviendo y trabajando como misionera en estas tierras lejanas del sol naciente. Soy polaca y esta es una de las razones por la que me ofrecieron esta oportunidad de ir con la peregrinación nacional de jóvenes japoneses.

 

   Fuimos un grupo de 140 personas y eran representantes de todo el país, jóvenes, obispos, sacerdotes y religiosas. Estuvimos unas dos semanas en Polonia.

 

   Los primeros 3 días estuvimos en la diócesis de Kielce, nos repartimos en 5 parroquias, en grupos de más o menos 25 personas. Participamos en diferentes actividades: misas, oraciones, fiestas,… ¡hemos disfrutado muchísimo! Después de eso fuimos a Cracovia y nos acogieron en la parroquia de Jesús Buen Pastor. Igual que en Kielce, fuimos alojados en las casas de la gente de la parroquia, y nos sentimos como si fuera nuestra propia familia. Esta acogida tan calurosa de las familias y comunidades parroquiales robó el corazón de todos los japoneses. Durante esa semana se hicieron muy amigos a pesar de no poder comunicarse mucho en un idioma común. Ha sido como un milagro y gracias a la fuerza del Espíritu Santo que les hacía entenderse mutuamente. Luego a la hora de la despedida era todo un mar de lágrimas.

 

   Durante la JMJ  por las mañanas participábamos en la  animación preparada por los jóvenes, luego en la catequesis de un obispo japonés, el compartir en grupos, y al final una misa. Por las tardes, cada día había diferentes eventos. La misa de bienvenida del Papa Francisco, el Festival, el vía crucis, la vigilia de oración, y la misa final. Fue un programa muy rico.

 

   Especialmente rico para los jóvenes fue el encuentro con el Papa Francisco, sus palabras, gestos, han sido causa para muchos de un encuentro personal con Jesús. Varios de ellos compartían luego que “ha sido un antes y un después” en sus vidas, que vuelven a Japón con una experiencia de Dios cercano y con muchas ganas de participar en la vida diaria de la Iglesia en Japón.

 

   Cuando terminó la Jornada, fuimos también a visitar el campo de concentración de Auschwitz y el santuario de la Virgen en Czestochowa. En los dos lugares rezamos por las víctimas del campo de concentración y por tantas víctimas de violencia y el mal en nuestro mundo de hoy.

 

   Para mí, personalmente, haber podido compartir estas 2 semanas con los jóvenes japoneses ha sido una oportunidad de irles conociendo y sentirles parte mía, por lo que le doy gracias a Dios de corazón. También le doy gracias a Dios haber estado tan de cerca de la Iglesia japonesa, poder rezar, caminar y disfrutar juntos.  Esta Iglesia, que es muy pequeña y frágil en comaparación con la Iglesia en países de tradición cristiana, pero que es el lugar que Jesús me confía y me regala cada día, y tengo la certeza de que para Jesús es un lugar muy amado y muy privilegiado.

 

Jesús, ¡gracias por esta JMJ en mi patria, ha sido un tiempo de vivir un poco de tu Reino!

Aneta Plonecka

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