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Voluntariado con refugiados para jóvenes

Después del último fin de semana de voluntario en el centro de refugiados de Sigüenza nos llega este testimonio de Marta, una de las universitarias que participó.

 

   En las periferias existenciales

   

    “Llega un momento en el que la injusticia comienza a ser visible a tus ojos, el mundo deja de ser ese lugar tan idílico para convertirse en un lugar en el que hay mucho sufrimiento. Cuando por fin, comienzo a ver el mundo como de verdad es, mi corazón comienza a inquietarse y empieza a ser pesado vivir sabiendo la realidad. Ese es el momento en el que decido que algo en mi vida tiene que cambiar. Mi vida tiene que ser una mediación del Señor para que sus favoritos, aquellos que más sufren, puedan sentir su amor. 

 

   Saber que puedes hacer algo para cambiar, aunque sea tocar una sola vida es algo maravilloso.  Compartir tiempo con cada uno de los que están en ese centro (de refugiados) te hace valorar donde pones tus prioridades, qué cosas son las que te preocupan y agobian. Compartir estos días con ellos también me recuerda que tengo una misión y que el mundo me necesita, pero no sólo a mí.

   EL MUNDO NOS NECESITA A CADA UNO”

   Marta Vizcaíno

   

   Para poder comprender un poco más este proyecto, le hemos pedido a Piedad García, misionera española de la comunidad de Guadalajara que nos explique cómo surgió este voluntariado, cuanto tiempo llevan y en qué consiste.

 

   “Nuestra comunidad de Guadalajara está colaborando con ACCEM Guadalajara en un proyecto de voluntariado en el centro de refugiados que tienen en Sigüenza desde hace ya un año. Hemos ido normalmente los fines de semana y hemos llevado cada vez un grupo de unos 10 o 15 jóvenes, siempre acompañan el grupo 2 o 3 misioneras. En tiempos de vacaciones como Navidad o el verano hemos pasado temporadas más largas en el centro. Por ejemplo, el pasado verano hicimos dos campos de trabajo de unos 10 días cada uno.

 

   Hubo dos razones principales por las que empezamos y hemos continuado este proyecto. La primera, por supuesto, fue el deseo de involucrarnos de manera activa y de poner nuestro granito de arena, para aliviar esta gran crisis de refugiados. La segunda razón fue el deseo de darle continuidad, durante el año, al voluntariado que realizábamos en verano en Tánger para universitarios. Queríamos hacerle ver a los jóvenes que no hace falta irse fuera de España para hacer algo por los demás, para tocar el sufrimiento de muchos hermanos y ser para ellos aliento y esperanza. Queríamos ayudarles a sentir esta crisis como algo suyo, cercano y a la vez poder descubrir con esperanza que hay tanto que cada uno podemos hacer.

 

   Los jóvenes que se han unido al voluntariado son casi todos universitarios de Guadalajara y Alcalá de Henares. El centro de ACCEM está muy agradecido a la comunidad por este proyecto y por la perseverancia que hemos tenido durante todo este primer año. Nosotros estamos agradecidos a ACCEM por la gran confianza que nos tienen y por poder trabajar en equipo con ellos, de que verdad que son personas súper entregadas y muy preparados. Los trabajadores de ACCEM dedican la mayor parte de su tiempo a ayudar a los refugiados en las labores legales y burocráticas, que son tan importantes para ellos, los papeles, los pasaportes, el asilo, etc…el papel de los voluntarios y de las misioneras sin embargo es pasar tiempo de calidad con los refugiados, hacer actividades con ellos, estudiar el idioma, dialogar, jugar, ver una película y hacer un debate, rezar juntos (tanto cristianos como musulmanes hablan de su fe con normalidad y se alegran de poder compartirla). Los refugiados que acoge este centro provienen en su mayoría de países africanos, aunque hay también algunas familias de Ucrania y otras de Siria.

   Piedad Garcia

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