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Para siempre sí

 

Parece que hoy en día es difícil decir un sí para siempre, apoyada en la misericordia de Dios, la hermana Kathrin ha sellado su alianza eterna con Dios. Oremos por ella y su fidelidad a Jesús en esta apasionante misión de Evangelizar.

 

Soy Kathrin Krall, soy alemana y vivo en la comunidad de Colonia.

El 23 de septiembre de este año 2017 ha sido un día muy especial porque celebramos mis promesas definitivas. Esto significa para mí que en este día Dios me ha elegido para siempre y yo le he elegido a Él también.

 

El lema fue: "¿Cómo creerán en Aquel de quien no han oído?" Viendo a este mundo como está, esta pregunta escuchada de parte de Jesús me mueve mucho por dentro. En mi país, por ejemplo, noto varios aspectos que me dinamizan.

 

 -  por una parte personas que dan la bienvenida a los refugiados y quieren apoyar su integración, y por otra, personas que tienen miedos frente otras religiones y culturas. Algunos de estos últimos apoyan un movimiento político cuya solución sería echarlos del país cerrando las fronteras.

 

- O veo muchos jóvenes que no saben bien qué elegir porque les falta una orientación concreta.

 

Y frente a eso veo un Dios que hoy busca a cada persona. Veo que Jesús sueña con una vivencia sin fronteras, sin defensas, donde hay diversidad de personas y a la vez cada uno es importante.

Él nos lanza la pregunta hoy:¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y yo respondí: Aquí estoy. ¡Envíame a mí!

 

 

En la liturgia tuvimos dos simbolos: la postración y el lavatorio.

 

En el simbolo de la postración sentía una paz muy profunda, porque es Dios quien sostiene este mundo y lo abraza primero y en continuidad. En esta estabilidad de amor puedo descansar y relajarme. También experimentaba el deseo de abrazar (con los brazos extendidos en el suelo) con Jesús a este mundo como es, con sus alegrías, con sus tristezas, tanta gente sufriendo sin esperanza ninguna, tanta injusticia, tantas personas entregadas en lo escondido. Sentía este corazon de Jesús que late por cada uno y que me llama a entrar en su amor.

 

Eso se hizo visible en el lavatorio de los pies a personas muy distintas y concretas. Había entre ellos una joven, que lloraba todo el tiempo porque intuía el amor de Jesús en este gesto. Que dificil es dejarnos amar.

 

Doy gracias a Dios por haberme llamado a poder transmitir este amor que abraza a cada uno y que lo necesita para el mundo de hoy. Doy gracias a mis hermanos que viven esta aventura conmigo.

 

 

Kathrin

 

 

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