Después de un largo y hermoso camino junto a Jesús y a mis hermanos, he podido concretizar mi anhelo de ser parte de la comunidad de Servidores del Evangelio de la Misericordia de Dios.
Durante la misa, realizada en la capilla grande de la casa de Moreno, representaron a mi familia Jesús y Berta (matrimonio misionero), Ursula y Alessandra, dos de las hermanas que han sido mi compañía a lo largo del camino, que me han cuidado con paciencia y entrega, y por último Nano, mi hermano del corazón, chileno también. En ellos estaban presentes todas las personas que tanto en Chile como en Argentina se fueron convirtiendo en la familia que Jesús me quiso regalar. Acompañada por el resto de la comunidad servidora comenzó la misa celebrada por José Manuel y Felipe.
En las lecturas del día estuvieron presentes la llamada de Samuel “Habla porque tu servidor escucha” (1Sam. 3,3-10.19), en el salmo la canción “Mi viña” “¿Cómo te pagaré todo el bien que me has hecho, Señor?”, en la segunda lectura las palabras de Pablo “Ustedes no se pertenecen, sino que han sido comprados, ¡y a qué precio! Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos” (1 Cor. 6 13 -15. 17 -20), el Evangelio “¿Dónde vives?; Vengan y verán” (Jn. 1, 35-42).
Puedo compartirles que la alegría de ser la primera chilena que hace el Compromiso Servidor se hace realidad porque Dios ha estado presente a lo largo de toda mi vida y no se cansó de responder a mi búsqueda, Dios me llama y responde por medio de mis hermanos, las personas que fueron saliendo a mi encuentro y se fueron convirtiendo en la presencia de un Dios Padre que no puede dejar de preocuparse y amar a sus hijos. La Comunidad de los Servidores es para mí el instrumento por medio del cual Dios me permitió reconciliarme con Él y con mi historia, reconocer el valor de mi vida para Dios y la presencia de la Iglesia como esa mano que te sostiene en el camino de la fe.
Dios me llamaba pero yo le confundía con otras voces o simplemente me negaba a escucharle… Es hermoso cuando, al ver mi historia bajo la mirada de Jesús, puedo reconocer que siempre estuvo presente estuviera donde estuviera, pasara lo que pasara...;simplemente porque Dios ha decidido amarnos primero y hasta el final.
Junto a mi comunidad comencé una reconciliación con Dios y mis hermanos me hicieron descubrir y creer que mi vida ha sido muy amada, por eso al mismo tiempo que las heridas van sanado bajo la mirada de Cristo, el corazón se va llenando de gratitud.
A pesar de la distancia al estar en mi país, Dios fue construyendo una senda segura por medio de la oración y la fe que le fue donando a mi espíritu, al punto de poder decir: “Si tú quieres, puedes sanarme”(Mc. 1, 40 -45). Jesús puede actuar en nosotros si lo dejamos habitar y ser con nosotros.
¿Cómo relacionarse con Jesús? “Ven y verás”: la experiencia más importante es la de conocer a Jesús, aprender a escucharle y comenzar a entender con el corazón y procesar en la razón lo que para Dios significa el amor entregado, la necesidad que tiene de nuestra vida para que se vuelque en pro de nuestros hermanos. Por eso, no es extraño que después de pedirle a Jesús que nos cure, después de dejarle actuar en nosotros, se nos muestre como el primer necesitado de nuestro amor verdadero, fruto del encuentro con el Padre y su misericordia. Dejando de pertenecer a nosotros mismos, Dios nos hace parte de Sí, nos ha sostenido y lo seguirá haciendo, porque somos parte de su Cuerpo, nos hace Uno.
Mi compromiso se lo he confiado a Nuestra Madre bajo la advocación de la Virgen del Carmen, Patrona de Chile. ¡Qué detalle más hermoso el de mis hermanos el de colocar frente al altar la imagen Del Carmen junto a la bandera chilena…! Mi pueblo chileno siempre ha sido muy cercano a Dios y su Madre y también tiene mucho que aportar a nuestra comunidad, declarándonos también muy faltos de ella, confiando que no está lejano el día en que estén presentes por nuestra tierra.
En el ofertorio se presentaron junto al vino y junto al pan unos libros para representar mi trabajo como profesora de Lengua de niños y adolescentes, también una guitarra y un cancionero para presentar y agradecer a Jesús el don de la música y convertirlo en una forma de compartir la fe.
“Necesito tu vida hecha pan”, ese fue el lema del cursillo, y es el que quise mantener para el día de mi compromiso, no quise cambiar las palabras que Jesús tenía para mí y agradezco su confianza y ternura.
Concluyendo les comparto con mucha alegría un trozo de la carta que mamá envío y fue leída al final de la misa:
“En eso nos encuentra hoy la vida, compañeras en este camino que el Señor nos señaló, espero haber sabido acompañarte en este camino. Las madres sólo tenemos nuestro corazón para paliar las dificultades que debemos enfrentar en la vida de los hijos que se nos regalan. Siempre puse en manos de Nuestro Señor y su Santa Madre las decisiones que había que tomar para lograr la fuerza y entereza, y sólo basta escucharte cantar y una sonrisa tuya para saber que El me ha escuchado.
Querida hija, recibe todo mi amor en este día tan especial para ti. Siempre estamos tan conectadas que sabes que mi corazón está contigo y tu felicidad es también la mía, sé que estás acompañada de tus hermanos que te reciben y te acompañarán toda la vida.”
Desde Valparaíso mi abrazo fraterno, unidos en el corazón de Jesús.
GABRIELA ARAVENA ACEVEDO.
GABYOTA.
