Oración para el mes de octubre (4)

 

               

 

En las semanas atrás hemos estado orando y compartiendo el regalo que se no dió en el bautismo de: ser misioneros.  Esta semana vamos a entrar en la realidad más profunda de esta Palabra: Ser misionero es una vocación. Es una llamada que se nos dirige comunitaria y personalmente.

 

Todos estamos llamados a ser misioneros donde estamos, pero es verdad, que muchas veces nos asaltan los miedos y los sentimientos de que no estamos en nuestro lugar. Hay vivencias que nos hacen pensar  que estaríamos mejor en otro sitio, tal vez viviendo otro estado de vida... Cuando pasamos por situaciones dificiles pensamos que viviendo de otra manera podría ser todo diferente, ideal, sin problemas, como siempre soñamos.

 

Justamente se nos invita a disfrutar de nuestra vocación:  de la vocación en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en las relaciones que vivimos. Ahí estamos todos llamados a vivir plenamente.

 

La pregunta que nos podemos hacer es: En la entrega de todos los días, encuentro respuesta a mis deseos más profundos? Esta pregunta puede ser que la llevemos insconcientemente o puede ser que no la enfrentamos por miedo a no encontrar una respuesta. El cuestionarnos es algo que nos constituye y el preguntarnos contínuamente es bueno, porque esto nos hace cimentarnos en la vocación a la que Dios nos llamó a todos, con decía Juan Pablo II : la vocación a la santidad. Esta es la verdadera vocación a la que estamos llamados todos los cristianos y en todos los estados de vida. Vivir la santidad es vivir en lo cotidiano, en medio de los altos y bajos, en medio de la rutina, en el cansacio que sentimos al final del día, Es, también, vivir con la confianza que la providencia de Dios nos alimenta yque continuamente nos recuerda la meta: todo lo que vives se puede transformar en santidad. Santidad también es salir de el ahogo de vivir para nosotros, sin horizonte y salir al encuentro de los demás, buscando que vivan en abundancia.


¡Qué grande poder tiene la experiencia de un Dios que se acerca a nuestra vida! No para pedirnos cosas o para exigirnos, sino que Él se acerca para recordarnos que nuestra identidad más profunda es: “Sed santos como vuestro Padre celestial es Santo” (Mt5,48). También, como dice el profeta Ezequiel, cuando habla de Dios preocupado por su pueblo “pasé por tu lado y te dije: Vive! Cuando estabas envuelto en  tu sangre” (cfEz, 16). Él nos dice: te veo envuelto en medio de tantas preocupaciones que te quitan la vida, la alegría, las fuerzas para luchar en medio de las dificultades. Yo te quiero dar lo que necesitas para vivir. “Ven a Mí, que yo soy la fuente de Vida donde puedes calmar tu sed “

 

Lunes: (Jn 2,1-10) Vamos a ofrecer nuestro día: las dificultades y  los logros- por los matrimonios- para que en su vocación, en la educación de los hijos, sean reflejo del amor de Dios familia. Señor, en este día te pedimos por los matrimonios que conocemos, especialmente por los que necesitan de fuerza para continuar.

 

Martes: (Jn 17,20-26) Te pedimos Padre providente por - las  vocaciones sacerdotales y religiosas-, para que en su entrega den testimonio vivo de la alegría del Evangelio. Ayuda los que pasan por la duda y que viven momentos de debilidad.

 

Miércoles: (Mt 5,13-16) Oramos juntos por -las vocaciones de laicales-, que entregan su vida al anuncio del Reino. Padre, que ellos puedan ser levadura en medio de la masa. Y ayuda a que todos ellos puedan ser testimonio de tu amor en sus trabajos, estudios, en su luchas diarias, y que no desanimen.

 

Jueves: (Mt 18,1-5) Queremos pedir por -los catequistas-, que tienen la bella misión de enseñar a los niños, jóvenes y adultos. Para que en esta vocación puedan sentir que son colaboradores del Reino. Padre, que los catequistas vivan con ese corazón sencillo y aprendan a recibir la riqueza de los catecumenos.

 

Viernes:  (Sab 9,1-7.1012) Ofrecemos este día por todos -los profesionales: científicos, educadores, trabajadores de la construcción, en fin, tantas profesiones que sabemos que existen-, para que en medio del trabajo no olviden que estan colaborando en la construcción de un mundo más humano y fraterno.

 

Sábado: (Lc 10,30-37) Queremos confiarte, Padre bueno, la vida de -los voluntarios- que entregan parte de su tiempo para compartir con los más necesitados. Padre, que ellos puedan hacer experiencia, cada día, que al ejercer su voluntariado es al mismo Cristo que están amando.             

 
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