Nuestros jóvenes misioneros extraordinarios y valientes, «el presente de Dios»

Me brota del corazón con alegría exclamar: “GRACIAS PADRE, Señor del cielo y de la tierra”

28 octubre, 2019
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Me brota del corazón con alegría exclamar: “GRACIAS PADRE, Señor del cielo y de la tierra”, pues he podido ser testigo de la fuerza de tu Evangelio en nuestros jóvenes en este mes extraordinario misionero.

Todavía resuena la voz de Harold, de dieciséis años, que el trece de octubre en la misión que teníamos junto con ciento once jóvenes, en un pueblito llamado Olea, estaba empeñado en dar su testimonio. Lo había estado preparando junto con otros chicos para una canción fórum. Le habíamos tenido que decir que no lo diera, porque al mediodía tenía cuarenta de fiebre y estaba empezando con los primeros síntomas de dengue hemorrágico, una enfermedad muy grave. Al día siguiente ingresaba en el hospital.

 

Estaba dispuesto a darlo todo y llegar al corazón de otros jóvenes transmitiendo la luz de Cristo que a él le había dado sentido. De la canción “One day” de Matisyahu, Harold elegía: “Doy gracias a Dios pues estoy vivo y  le pido que no me lleve pronto pues estoy aqui, en este mundo, por una razon». Harold quería que otros jóvenes descubrieran que “todo hombre y mujer es una misión en esta tierra, y lo más real es que esa petición de la canción la estaba viviendo en carne propia.

 

Nuestros jóvenes son misioneros muy valientes. Le debemos a Harold poder proclamar esta acción de gracias con toda su vida igual que pudieron hacerlo el resto de los chicos visitando familias, compartiendo sus testimonios y transmitiendo a un grupo de cincuenta niños a través de distintas actividades que todos somos misioneros desde el bautismo.

Belén Gómez (Misionera SEMD en Filipinas)

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