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Nuestro primer año en Yamato

   ¡Ya ha pasado nuestro primer año en Yamato, el nuevo lugar que Jesús nos ha regalado en la diócesis de Yokohama (Japón)!

 

    Para los que no lo saben, desde el 29 de octubre del 2015, Aneta y yo (Alaitz) vivimos en una pequeña ciudad japonesa, de la diócesis de Yokohama, llamada Yamato, nuestra casa está a cinco minutos caminando de la parroquia. Es una comunidad muy internacional, japoneses, filipinos, latinos, vietnamitas, de Tanzania, Sri Lanka, etc. y que nos ha acogido con mucha ilusión y cariño. El párroco es el Padre Suzuki, un salesiano, que nos trata con mucha confianza y valora mucho nuestra presencia. Todo esto es un regalo muy grande para nosotras, a través de lo cual sentimos que Dios nos quiere y nos necesita aquí.

 

   A lo largo de este año, nos hemos ido incluyendo en la vida de la parroquia poco a poco. Aneta se ha acercado a los niños apoyando un poco en la catequesis. Los niños, claro, también son de distintas nacionalidades. Hay también un grupito de jóvenes y adolescentes, que son los ¨fieles¨ monaguillos, muy majos, y el párroco, como buen salesiano que es, nos pidió que nos acercáramos a ellos. Con ellos hemos tenido un par de encuentros en nuestra casa, comiendo juntos, celebrando la vida y con una pequeña oración misionera. El día 30 de diciembre junto con el Padre Suzuki hicimos una excursión a una playa cerca de aquí.

 

   Con un grupito de adultos de la parroquia, muy sedientos de fe compartida y de formación, hemos tenido durante todo el año, cada jueves, un encuentro en nuestra casa para profundizar juntos la “Bula de la Misericordia” del Papa Francisco. Ha sido muy rico poder compartir juntos la experiencia de la misericordia de Dios e ir viendo a Dios trabajando en cada uno, abriendo los corazones, creando lazos nuevos, dándonos una mirada nueva sobre las personas, etc.

 

   Con la comunidad latina, hemos acompañado las misas en español una vez al mes y la catequesis de personas que sólo hablan español. Hay una comunidad grande, sobre todo, de peruanos, son descendientes de japoneses que vienen a Japón principalmente por razones de trabajo y después se quedan aquí, con sus hijos ya nacidos aquí. Pero en la mayoría de los casos no hablan mucho japonés. Es un desafío el acompañamiento y la integración de estos hermanos en la Iglesia japonesa, y ahí vamos poco a poco caminando como Iglesia.

 

   A nivel de la diócesis nos vamos acercando a los jóvenes y a los sacerdotes que trabajan con ellos y para ello hemos participado en dos convivencias que ellos tenían programadas, y ha sido muy bonito poder compartir con ellos sobre su vida de fe, en el trabajo, los estudios, la familia, sus alegrías, sufrimentos, nos vamos haciendo amigos y nos tratan con cercanía.

 

   Este año han sido ordenados dos sacerdotes de la diócesis y también nos hemos acercado a celebrar esta alegría con toda la diócesis. Además de esto, hemos seguimos participando en actividades de la Iglesia japonesa a nivel nacional como el NetWork Meeting y la preparación para la J.M.J. de Cracovia a nivel nacional.

 

   Este año hemos venido con nuevos proyectos después de nuestro retiro y estamos preparándonos para empezar una escuela de evangelización para jóvenes. Nuestro obispo, Mons. Umemura nos ha animado a lanzarnos, así que nos ponemos en manos de Dios para que multiplique los dos panes y cinco peces que tenemos y sobre todo que ¡los traduzca al japonés!

 

   Bueno, queridos hermanos, seguimos unidos en esta misión apasionante de vivir y anunciar la Buena Noticia de la Misericordia de Dios, para que pueda llegar a muchos corazones como un día llegó a los nuestros y nos regaló así una VIDA NUEVA. Un abrazo grande y ¡ánimo!

 

Aneta y Alaitz (Comunidad de Yamato, Japón)

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