La llamada más profunda que sentimos es a servir la Misericordia de Dios a los hombres de hoy, en profunda comunión entre nosotros y con la Iglesia. Intentamos que cada persona al encontrarse con el amor de Cristo, descubra su corazón de hijo de Dios y de hermano de todos los hombres y sea fermento de comunión con su vida y su palabra. A la luz de la fe, descubrimos que cuando nos encontramos con cada hermano estamos tocando el corazón de Cristo. Este servicio de Evangelización lo comprendemos como una transmisión viva de la fe, a través de la Palabra de Dios que también en este momento histórico se actualiza en nuestras comunidades cristianas. Queremos que nuestra vida puesta estar al servicio de la Iglesia siendo en ella y con ella el rostro misericordioso de Dios.

Para ello quisiéramos dejar al Espíritu Santo libre en nosotros para guiarnos a comprender cuáles son los mejores métodos y las mejores expresiones para realizarlo. Nuestra asociación ha nacido en el espíritu del Concilio Vaticano II y en el espíritu de la Nueva Evangelización. Por lo cual, sentimos que la llamada más importante de Dios es a renovar en nosotros un ¨nuevo ardor evangelizador¨. Un ardor que brote del grito de Cristo en la cruz:
¨tengo Sed¨, y que sintonice con el latido del corazón de la Iglesia, esposa de Cristo.
Si renovamos cada día ese nuevo ardor en nosotros, el Espíritu nos guiará a encontrar el cómo responder a los signos de los tiempos actuales.
Descubrimos nuestra misión en camino y peregrinamos como familia de servidores: consagrados, sacerdotes diocesanos, familias, jóvenes, niños etc... Nos une el deseo de encarnar la misericordia a los hombres de hoy y de entregar nuestra vida por la comunión eclesial, y de extender esa comunión de amor con todos los hombres. Quisiéramos que cada uno desde su vocación propia y capacidades pueda encontrar la manera mejor de servir a la Iglesia y a la misión que Cristo nos ha confiado.
Escuchando las necesidades de cada diócesis donde la Iglesia nos envía, intentamos poner este espíritu de misericordia al servicio. Hasta ahora hemos ido realizando esta misión a través de variados y sencillos medios. En cada país, cultura y situación particular oramos para encontrar la mejor manera de encarnar este espíritu.
Hasta ahora, vamos intentando vivir esta misión, colaborando en las distintas pastorales de las diócesis donde estamos: Pastoral de juventud, misionera, universitaria, familiar...
También realizamos misiones populares: Hace dos años un grupo numeroso de jóvenes de distintos países de Europa y Asia participaron durante un mes en unas misiones en el Gran Buenos Aires (Argentina). Fue una experiencia que marcó a todos, tanto a los que jovenes que acudieron como a los argentinos que participaron, porque se trató de un compartir de vida en distintos ámbitos: fe, fiesta, bailes, teatros, comidas, guardería, construcción...
Convivencia en Argentina, diocesis de Merlo-Moreno.Para despertar, renovar y acompañar la experiencia de fe viva y fraternidad, intentamos acompañar este camino, mediante retiros, peregrinaciones, convivencias y fines de semana de formación. Esta experiencia de fe incide en nuestra vida cotidiana. Aprendemos a formular y transmitir esta experiencia de fe y vida en nuestros ambientes, familias, trabajos poniéndola al servicio de la Iglesia.
De un modo humilde y humorístico resumíamos estos días nuestra misión específica con la frase: "Encarnar la misericordia de Dios, como podamos." El Espíritu Santo nos guiará en cada momento y lugar para descubrir la manera más adecuada de comprender y amar a nuestros hermanos de hoy y de hacer asequible la fe y la Buena Noticia del Evangelio para que responda profundamente a sus interrogantes.