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El nombre “Servidores del Evangelio” trabajaba en mi cabeza

Una joven togolesa nos cuenta cómo es su vida, y cuáles son sus sueños. Por su lenguaje sencillo y detallado nos introduce en una realidad muy distinta de la europea o latinoamericana, aunque vemos que el corazón y los sueños son los mismos. Después nos habla de su experiencia de fe y cómo conoció y llegó a formar parte de nuestra comunidad.

 

Sobre mi vida en Dapaong. Me llamo Zhama Bernadette, soy  de la etnia ewé, del sur de Togo, ayer cumplí 28 años, y  soy la quinta hija de mi padre y de mi madre. Voy a decir un poco las actividades que tengo en la jornada. Hago una comida que se llama "la bouille", a la gente de mi barrio le gusta mucho porque por el olor a limón atrae a todos los niños. Por la noche empiezo a prepararla y al día siguiente la termino. Se hace a base de maíz, se calienta el agua, se  introduce el maíz durante un día o dos, se rompe y se le añade al agua sobre la harina,  y eso fermenta, y de lo que sale de ahí se hace la boullie, que se acompaña siempre de cacahuetes. 

 

Después de dos o tres horas de vender vuelvo a casa y hago las tareas domésticas: barro las habitaciones, coloco todo, lavo los platos y las cazuelas que he utilizado para cocinar. Después, dos veces por semana voy al mercado para comprar el maíz, los cacahuetes y todo lo que hace falta para la boullie,  y para la salsa. El mercado está muy lejos de mi casa y voy siempre a pie. A la vuelta la fatiga me obliga a descansar un poco, unos 30 minutos. Después me levanto y vuelvo a mis actividades.

 

Por la tarde voy a la biblioteca con las hermanas servidoras del Evangelio (SEMD). Salimos de la biblioteca a las 19h y  vuelvo a casa para continuar el trabajo y preparar los ingredientes de la boullie, preparar la cena y ya es tiempo de ir a dormir.

 

 

Mi sueño para el futuro. Yo misma me hago la pregunta de cómo asegurar el futuro, sueño y  lo que quiero es encontrar un buen trabajo pero no quiero dejar lo que hago en la biblioteca. Quiero en poco tiempo  tener un hogar con niños felices, una familia feliz, y que mis amigos y las personas más cercanas sean felices conmigo. Una vida feliz es mi sueño en el futuro.

 

Deseo un mundo feliz, con niños, porque Dios me va a dar hijos, aún soy joven, y deseo que mi marido y yo seamos uno. Pero en Togo hay demasiado sufrimiento, y por eso lo que yo sueño para mi país es que haya paz y alimentos, eso ya es bueno. Quiero la paz en las familias, entre hermanos y hermanas. Y yo deseo que se elimine el hambre, que el Estado mire lo que se puede hacer para que los pobres sean un poco ricos, ese es mi sueño para Togo.

 

He nacido en una familia cristiana, bautizada en la infancia. Después del bautismo yo he seguido la catequesis y he hecho mi primera comunión y la confirmación. Después me he preguntado por qué no íbamos a la Iglesia para escuchar la palabra de Dios, no solamente a la catequesis, y ahí he descubierto que hay una vida más allá de nuestra vida en la tierra, que es mejor que la que vivimos aquí, es la vida eterna para heredar el Reino de los cielos. Por eso vamos a la iglesia, para vivir mejor y heredar el Reino de los Cielos después de nuestra muerte.

 

Me ha ayudado mucho la experiencia que he hecho, no debo dejar la Palabra de Dios aunque tenga muchas cosas en la vida, porque me ha ayudado a vivir mejor lo que el Señor nos pide que hagamos. A veces caemos pero nos levantamos, pecamos pero reconocemos que no estaba bien. La Iglesia me ha ayudado a vivir una vida digna de la Palabra de Dios. Me siento feliz de ser cristiana. La Palabra de Dios nos ha ayudado a mí y a mi familia.

 

La comunidad de SEMD. Yo no tenía intención de visitar a la comunidad, más bien quería visitar la comunidad de las hermanas adoratrices que están en otro lugar, Cinkancé. Cuando fui a visitarlas no me gusto, estuve 3 o 4 días y he vuelto a Dapaong, cuando llegué (puesto que yo soy nueva en la ciudad, yo deje el sur del país por venir aquí), el párroco me vio en la eucaristía de la mañana, y se me acerco preguntándome si pertenecía a una comunidad religiosa porque yo le parecía religiosa, le he dicho ¡no! Pero él decía, me estas engañando, viéndote parece que perteneces a una comunidad. Entonces le he contado y me ha preguntado: y ahora ¿piensas continuar? y he dicho, no. Y él me ha dicho: haz un esfuerzo por conocer al menos la comunidad que está en Dapaong, visitarlas y conocer su carisma.

 

El me nombro muchas comunidades y yo le dije, no, no quiero.  Ya no quiero más, y he continuado así. Hasta que un día la hermana Amparo estaba hablando con el párroco y yo he pasado y él me ha dicho: es una hermana, me la presento como hermana  SEMD, que viven al lado del obispado y me animé a visitarlas. Cuando volví a mi casa el nombre “Servidores del Evangelio” trabajaba en mi cabeza, porque amo a la gente que busca la palabra de Dios y quiere servir a las personas como yo lo hacía en mi casa, porque como he dicho cuando yo comencé en la Iglesia, me gustaba escuchar la Palabra de Dios y conformar mi vida a ella, y eso me ha ayudado mucho. Cuando he oído Servidores del Evangelio, me he dado cuenta de que la Palabra de Dios es la base de lo que quiero vivir y es la base de lo que proponen las hermanas… y en 2014 he visitado a las hermanas y hoy yo también he llegado a ser SEMD.

 

La comunidad, como es pequeña, su acción no se ve mucho, pero los que estamos cerca conocemos sus actividades, su presencia, su simplicidad, su manera de dedicarnos su tiempo, hablar con los jóvenes, eso es ya un gran trabajo que hacen en Togo, ellas ocupan un gran lugar en las iglesias, y las parroquias, gracias a ellas yo soy catequista hoy gracias a las hermanas Cristina y Fátima que me han invitado a la catequesis y yo he llegado a ser catequista. Estoy muy contenta por ello. Ellas nos ayudan también a vivir según la Palabra de Dios, a servir al otro y a servir a Dios. No sé si los demás dirán lo mismo pero creo que la comunidad nos ayuda mucho, sobre todo a nosotros los jóvenes.

 

Gracias.

 

Zhama Bernadette, Febrero 2017

 

 

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