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Misiones en Perú

 Queridos hermanos,

queríamos escribir unas lineas sobre las Misiones en Perú, que el Señor nos ha dejado disfrutar en este verano. Y las escribimos ahora, después de volver a Alemania y encontrar en la gente el fruto que ha provocado ese mes: el deseo de amar, de darse, de vivir para los demás.

Las Misiones fueron desde el 24 de Julio hasta el 18 de Agosto y fuimos 38 jóvenes de Colonia. Trabajamos la mayor parte del tiempo en la construcción de una casa de espiritualidad de la Diocesis donde están nuestras hermanas, en Chosica, San Juan de Lurigancho.
En este projecto nos tocó sobre todo hacer zanjas para poner las tuberias para que los baños tuvieran agua y despues de tres semanas, !lo conseguimos! Fue bastante trabajo, porque no habia ninguna maquinaria, sólo picos, palas y guantes, e incluso esto tuvimos que comprarlos porque no habia para todos.

 

 El regalo fue que, a lo largo de estas tres semanas    muchos jóvenes peruanos se añadieron y nos ayudaron;  además casa día se ofrecían señoras para hacernos la  comida,! no nos faltó de nada!. Fue una experiencia de  Reino de Dios y de vivencia de la alegría de la fe que une  países tan distintos.


Ademas de esta obra, estuvimos también en otros lugares:en un orfanato de Madre Teresa de Calcuta, en una escuela compartiendo con los niños, en un centro de paralíticos, visitando a enfermos... todo para compartir las alegrías y los desafíos que la gente en Perú vive y sobre todo aprender del cómo lo viven.

 También estuvimos naturalmente cada tarde visitando familias, para empaparnos de cerca de la cultura, de la cercania, alegria, disponibilidad y espontaniedad de todos ellos. Fue un gran regalo para todos nosotros poder vivir estos 25 días cerca de ellos, comprobando en la vida que es posible que dos culturas tan distintas convivan juntas y aprendan a aceptarse y a aprender unos de otros.

Para los alemanes fue, según palabras de una de ellas " una escuela de vida, donde aprendimos a vivir la vida con más alegría y con más serenidad".

Algo que también ayudó mucho en todo este tiempo fue el empezar cada dia con un momento de oración y de silencio en la capilla. Fueron momentos  de pararse delante de Dios para asimilar todas las vivencias del día, para integrar el sufrimiento que veían y para dejar que Dios les respondiera a la pregunta: Señor, ¿qué me quieres decir Tú a mi personalmente con esto que estamos viviendo?

Al final del mes visitamos nuestra comunidad en Arequipa y fue un regalo ver cómo los Servidores allí se sostienen en el día a día y se ayudan a vivir desde la fe en medio de todos desafíos que el día a día les presenta.
Os agradecemos desde aquí, hermanos de Perú, el regalo de haber podido disfrutar de hermanos pobres, disponibles, alegres y con muchas ganas de vivir el Evangelio de la Misericordia de Dios. !Vuestras vidas nos han infundido mucha esperanza y el deseo de vivir más para los demás!

!GRACIAS HERMANOS!

 

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