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Misionera en Tierra Santa. Terminé mi estudio de árabe en Amán.

   Ania Czechowska después de un año y cuatro meses de intenso estudio del árabe regresa de Amán a Israel para incorporarse en la comunidad misionera de Tierra Santa. Nos cuenta en este testimonio lo vivido durante el tiempo del estudio. 

 

   Queridos hermanos, extendidos por el mundo enterio. Les mando un fuerte saludo de parte de nuestra pequeña comunidad de Tierra Santa. En el norte de Galilea, en Israel, en un pequeño pueblo árabe llamado Miilya, vivimos tres hermanas: Monika, Paula y yo Ania. (Alemana, Portuguesa y Polaca)¨

 

   Como se imaginarán, la inserción en un país nuevo, para podernos poner al servicio de la Iglesia comienza por el aprendizaje del idioma.  Por eso, los primeros largos años nos dedicamos  al estudio del idioma. Los cristianos del Oriente Medio son árabes y el idioma árabe con sus respectivas variaciones y dialectos es usado en las iglesias critianas de Israel, Jordania, Siria o Líbano.

 

   La escuela que elegimos para el estudio del idioma se encuentra en Amman capital de Jordania. No está ubicada muy lejos de nuestro pueblo, pero para llegar hasta allá, como también lo hacía de vez en cuando Jesús, tenemos  que pasar al “otro lado del río Jordán”.

   

   La escuela ofrece un curso intensivo de árabe hablado (para poder comunicarse con la gente) y también se enseña el árabe clásico para poder leer, escribir, entender el lenguaje de los medios de comunicación y también el de la Biblia.

 

   Hace tres semanas acabé los cuatro cursos de árabe en Jordania y volví a nuestra casa en Israel.

 

  Durante cuatro semestres, cada uno de cuatro meses, (en total un año y cuatro meses) como un niño pequeño iba aprendiendo a hablar, leer, escribir, escuchar y también orar en árabe: “Mamá, papá, comer, dormir, cantar,… Padre nuestro que estás en el cielo…” Este tiempo experimenté el desafío enorme de aprender un nuevo idioma e hice la experiencia fuerte de no poder  entender casi nada y de no poder comunicarme con facilidad con la gente que me rodeaba.

 

  La llamada a la misión que nos hace Jesús siempre está llena de desafíos. Pero  “todo el que haya dejado casas,  hermanos o hermanas, padre o madre, hijos y tierras por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.” Mt 19.29 Salí de mi casa debido a llamada de Jesús y, de verdad, soy testigo de que recibí mucho más. En Jordania recibí el regalo de conocer muchos hermanos nuevos. He recibido ¨casas para vivir¨, y también de ¨a poco¨ la capacidad de poder hablar y comunicarme con ellos en su propio idioma. ¡Doy muchísimas gracias a Dios por este tiempo!

 

  El primer desafío a la hora del aprendizaje del árabe consiste en cómo abrir el libro. En árabe se escribe de derecha a izquierda, lo que en consecuencia significa que los libros, cuadernos etc.,  los abrimos “por atrás”. Mi experiencia en el aprendizaje del árabe es que “Nada, incluso aparentemente lo más simple, como el abrir un libro, es automático”.

 

   Vivir en un país extranjero estudiando el idioma, donde uno además comparte la vida cotidiana con personas que hablan ese idioma hace que se acelere el aprendizaje del idioma. Desde por la mañana hasta por la noche uno está escuchando algo que te motiva para trabajar y esforzarte por aprender ese idioma.

 

¿Cómo era tu día normal de estudio?

 

  Levantada, oración – muchas veces en árabe, porque era oración comunitaria con los hermanos de la iglesia de mi zona. Luego 50 min de viaje a la escuela en un tipo de taxi compartido con otras personas, llamado “service”. Mientras tanto intentaba  entender las conversaciones de los otros pasajeros y escuchaba los programas o las canciones emitidos la radio. A la vez, todavía muy  despacio iba  “descodificando” los letreros  de las calles y de los edificios.

 

   Después  desde las  8.15 hasta las 13.00 escuela.  Tenía mucha suerte porque en la escuela estaba  rodeada de muchas personas de Asia, África, América y Europa fuertemente motivados a aprender árabe. La lucha en un buen equipo se hace más llevadera.         

 

   Al terminar la escuela, otra vez caminata y viaje por Amman. Por la tarde,  un poco de descanso y  me ponía a hacer las múltiples tareas escolares. Entre tanto, de vez en cuando iba visitando algunas familias cristianas o participando de algunos encuentros con los grupos de la parroquia. Al principio, obviamente con la constante experiencia de no entender nada, después, progresivamente hasta incluso pude intervenir en alguna conversación.

 

   ¿Cómo fue este tiempo de estudio en resúmen?

 

Lo más difícil – la paciencia con uno mismo cuando sientes que no progresas.

Lo más motivador – el saber  que mis hermanos árabes necesitan recibir la fe y conocer más a Jesús

Lo más aburrido – pasar horas conjugando los verbos y escribiendo lentamente en árabe.

Lo más gratificante – después de cada semestre de estudio volver al pueblo en Israel y poder entender un poco más la homilía en la misa o las conversaciones de los hermanos en la fe.

Lo más alentador  - la conciencia de la constante Presencia y Providencia de Dios en nuestra vida: “El Señor es mi Pastor, nada me falta.”

 

Ania Czechowska, un abrazo enorme y rezad por nuestra comunidad de Tierra Santa y por todos los cristianos de esta zona.

 

Leyenda de las fotos

 

1. Día de graduación estudiantes y profesores.

2. Estudio de gramática. 

3. Iglesia greco católica melquita dentro.

4. Manada de ovejas que cruza las calles de Amman.

5. Pizarrón con las necesarias correciones.

6. Con el grupo de jóvenes en Amman.

7. Vista a Amman 1

8. Vista a Amman 2

9. Cuadernos del estudiante

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