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8 meses en Guarulhos

   ¡Qué contaros de nuestros primeros pasos por estas tierras brasileñas!

   Nuestra naciente comunidad de Brasil nos manda un saludo y buenas noticias de su vida y su misión.

 

  Llegamos el seis de marzo de este año, Alessandra (brasileña), venía de la comunidad de Argentina, Rosaura (venezolana) y Marina (española), llegábamos de España. Empezamos a trabajar pastoralemente a finales de junio.

 

  Estamos viviendo en Guarulhos, una ciudad del Gran Saõ Paulo que tiene millón y medio de habitantes. La diócesis, que abarca toda la ciudad, tiene muchos barrios muy poblados. Dom Edmilson, el obispo, nos recomendó venir a esta zona que es donde estamos trabajando junto con dos sacerdotes (el Padre Carlos y el Padre Thiago). Además también están las hermanas franciscanas parroquiales.

 

   La parroquia se llama Nossa Senhora do Bonsucesso y tiene once capillas o comunidades. Estamos colaborando en la pastoral: con jóvenes, en la visita a las casas, en los grupos de rua –grupos en las casas entorno a la Palabra y cómo ésta ilumina la vida de las personas-, visitando los barrios con gente de la parroquia, etc. vamos echando una mano en lo que podemos. Es una alegría la cercanía que se va creando con los sacerdotes y las comunidades religiosas de la diócesis.

 

   Aquí, en el tiempo que llevamos, ya han surgido tres nuevas parroquias en Guarulhos. Las distancias y la cantidad de personas a las que llegar hace que se necesite ir formando nuevas comunidades que, en un inicio, se reúnen en algún garaje hasta tener un terreno donde poder construir una capilla.

 

   Encontramos una iglesia donde los laicos son muy comprometidos y están al frente de muchas pastorales (del niño, de la salud, de la juventud, etc). Nos sorprende ver capillas llenas un domingo a las siete de la mañana y entre semana.

 

   Percibimos un pueblo sufrido pero con una fuerza de Vida y de Esperanza enorme. Y, así, poco a poco, nos vamos metiendo a conocer, a amar a esta Iglesia y este pueblo brasileño. La historia ha hecho que Brasil tenga una población de mucha diversidad – vemos rostros japoneses, afrodescendientes, descendientes de alemanes, de portugueses- y en nuestra zona muchos que han venido del interior del país, sobre todo del nordeste.

 

   De estos primeros ocho meses, nos queda con mucha fuerza la ALEGRÍA y la ACOGIDA como signo distintivo de Brasil, en medio de la crisis que atraviesa en este momento; para nosotras un regalo, un presente del que todavía tenemos mucho por descubrir. 

 

   No os olvidéis de rezar por nosotras y sabed que os tenemos presentes en nuestra oración y en el corazón.

 

Marina, Alessandra y Rosaura.

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