You are using an outdated browser. For a faster, safer browsing experience, upgrade for free today.

En medio de la muerte siempre hay esperanza

   David Morena López es un universitario español de la diócesis de Guadalajara que se lanzó a la aventura de un viaje a Polonia para participar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ 2016). Participó primero del encuentro en la diócesis de Gdansk, después en Cracovia y por último en el encuentro que como Servidores organizamos en Skała, un pueblo situado junto a Cracovia.

 

   Polonia, un país que resurgió de sus cenizas gracias al pueblo y su Iglesia. Cracovia, la ciudad de los santos. Juan Pablo II, el Papa de los jóvenes. Francisco, el Papa de los pobres. Misericordia, necesidad que urge en nuestro mundo. Bienaventuranzas, modelo de vida. Con todos estos ingredientes, comenzó la aventura. Nada podía salir mal y, efectivamente, así fue.

 

   El 19 de julio aterrizamos en Gdansk, ciudad bañada por el Báltico. Muy cerca de allí, en Gdynia, nos esperaban nuestras familias para acogernos durante los días en las diócesis. Y digo “nuestras” porque su hospitalidad, generosidad y amor nos hicieron sentir como un miembro más, y en todos nuestros corazones siempre quedará un pedacito de ellos. Fueron unos días muy intensos: eucaristías, catequesis, voluntariados, teatros, festivales, momentos de comunidad… Nuevas personas, nuevas experiencias, nuevas realidades a las que vivimos ajenos, cosas que aprender, cosas que corregir, en definitiva, tiempo para enriquecerse.

 

   Uno de los encuentros más significativos de estos días fue el encuentro con el lider de Solidaridad Lech Walesa. Fue un privilegio pasar un rato con él y escuchar de sus labios la historia de cambio y de democracia de Polonia. País que de manera increíble logró derrocar el comunismo con la fuerza de la Solidaridad y de la Fe. Un papel central lo tuvieron los sindicatos obreros de esta ciudad Gdansk y en concreto muchas personas como por ejemplo Lech Walesa.

 

   Después de una semana allí, el día 25, emprendimos el camino hacia Cracovia, haciendo una parada en Częstochowa para celebrar la festividad de Santiago con todos los españoles participantes en las jornadas. La Virgen Negra de Częstochowa está directamente ligada a la historia del pueblo polaco, es la Madre que lleva todo el sufrimiento de sus hijos en los sucesivos avatares de la historia y que siempre está ahí velando por ellos aún cuando Polonia desapareciera del mapa; es símbolo de la unidad del país. Después, bien entrada la noche, llegamos a nuestro destino, Bochnia, donde de nuevo las familias se volcaron con nosotros. Comenzaban días de agenda completa.

 

   En la visita al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau vimos cómo en medio de la muerte siempre hubo esperanza, con personas como Maximiliano Kolbe, que dio su vida por salvar a un padre de familia. El resto de los días comenzaban con la catequesis y eucaristía a primera hora para después coger el tren a Cracovia y asistir a los actos centrales del Papa. Largas colas de tren, caminatas para llegar a nuestro destino, paciencia para conseguir la comida del peregrino, esperas para visitar los lugares de culto, lluvias desagradables o calores inaguantables, pero por encima de todo eso, sonrisas de felicidad, manos dispuestas a ayudar y clima de fraternidad.

 

   Las palabras de Francisco en los diferentes momentos (acto de acogida, viacrucis, vigilia de oración y misa de envío) fueron alentadoras, nos hicieron conscientes de la necesidad de dejar de ser jóvenes de sofá y ponernos las zapatillas. Abandonar nuestras comodidades para hacer de este mundo un lugar más justo y fraterno es poner en práctica el Evangelio, es sentirse hermanos los unos de los otros.

 

   Después de todos los actos multitudinarios, el día 1 de agosto, un pequeño grupo pusimos rumbo a Skała, donde disfrutamos de unos días de retiro en un santuario. Es fácil quedarse en lo superficial de todo lo vivido aquellos días, pero tantos mensajes recibidos hay que profundizarlos y orarlos. En esos momentos es cuando se saca el máximo provecho de la experiencia, dándote cuenta de qué hay que cambiar en tu vida y cómo tienes que hacerlo. A diario, la sociedad nos ha acostumbrado a vivir tan rápido que muchas veces ni nos planteamos por qué hacemos las cosas, pero llega un punto en el tienes que tomar decisiones importantes y ahí, es cuando nos entran las dudas. Un año difícil en muchos aspectos de mi vida, con muchas preguntas sin respuesta en mi cabeza y con mucho agobio por no saber cómo seguir; esa era mi situación personal al viajar a Polonia.

 

   Por eso, primero dejé empaparme de la experiencia, donde volví a sentir a ese Dios que nos ama tal y como somos, queriendo nuestras virtudes y nuestros defectos. También me hice consciente de lo necesitado que está el mundo de la misericordia, estamos rodeados de negatividad y se hace necesario más que nunca la empatía y el perdón de corazón. Por eso, nosotros como jóvenes, debemos pasar a la acción, porque nuestros actos son los que construirán el mundo del mañana.

 

   Con todo lo recibido durante las jornadas y la situación personal del momento tocaba ponerse manos a la obra, cambiar lo que había que modificar y responder las preguntas sin respuesta. Aplicar todo lo aprendido resultó fácil de plantear, pero el agobio por no tener certezas sobre cuestiones importantes de la vida permaneció. Fue entonces cuando comprendí la cita bíblica que explica que buscando el reino de Dios y su justicia, todo lo demás nos lo dará Él por añadidura, no hay que andar preocupados por el mañana porque el mañana traerá su propio agobio. En ese momento un sentimiento de paz recorrió mi cuerpo y cambió mi forma de ver las cosas, afrontando la vida con más esperanza y positividad que nunca.

 

   Y ahora, tres meses después de aquel momento, puedo afirmar que cada pregunta tiene su respuesta en un momento determinado, por lo que no hay que empeñarse en lo que uno quiere, sino confiar y dar tiempo a que Él nos haga ver cuál es su respuesta. Dios es nuestro padre, y todo padre quiere lo mejor para sus hijos, por lo que la felicidad que nos tiene reservada para cada uno de nosotros, es la auténtica felicidad.

 

David Morena López (Estudiante de Medicina)

UA84280771-1