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De los pobres es el Reino de los Cielos

 

 

La comunidad de Colombia nos comparte una misión muy original que tuvo lugar en Diciembre de 2016 con familias de una zona de plantaciones de café llamada “El cerro” por estar ubicada en la montaña.

 

 

Es una tradición en Colombia, celebrar en Diciembre la novena al Niño Dios. Del 16 al 24 de diciembre en cada casa, barrio, parroquia… todas las personas del lugar se reúnen para rezar y cantar juntos la novena, preparándose en familia para recibir la Navidad.

 

 

Nos fuimos con un pequeño grupo de universitarios a vivir y compartir esos días a «El cerro». Una familia del lugar nos prestó una casita al lado de la suya, y todo lo necesario para esos días: ollas, colchones, mantas, una cocinita de gas… Conforme iban pasando los días teníamos cada vez más cosas de nuestros vecinos.

 

 

“El cerro” se trata de un lugar en el campo con las casitas repartidas. Son campos sembrados de café de familias de Medellín, en la vereda sólo viven las familias que se dedican a la recolección. Son familias muy sencillas, que tienen lo justito para subsistir. Gente muy trabajadora. Y muy acogedora, que pronto nos ofreció todo lo que tenían.

 

 

Sólo hay una pequeña tienda en el lugar, así que hicimos un fondo común y llegamos con la comida de esos días, materiales para las dinámicas, algunos caramelos para los niños y regalitos que nos habían donado para ellos.

 

 

Cada día lo comenzábamos con un ratito de oración y compartir desde alguna pregunta que se nos daba. Fuimos trabajando las distintas figuras de la Navidad, un día María, otro día S. José, Jesús, la estrella, los reyes magos… ¿Qué nos dicen hoy a nosotros? Y cada día lo preparaba una persona del equipo misionero.

 

 

Después preparábamos el material, los juegos y la catequesis para los niños. Algunos niños venían a recogernos para ir al lugar donde teníamos la actividad. Terminábamos la mañana rezando la novena al Niño Dios con ellos.

 

Algunos días almorzamos en nuestra «casa», y otros días nos invitó alguna familia a compartir con ellos.

 

Por las tardes, visitábamos las casas, especialmente a enfermos y personas mayores. Y rezábamos la novena o el rosario con ellos. También nos acompañaban algunos de los niños.

 

 

Y más a la tardecita, cuando ya los padres habían regresado de la recolección del café, nos reuníamos niños y adultos en el salón de la acción comunal, donde rezábamos entre todos la novena y compartíamos un rato. Algunos días también íbamos a rezar de nuevo la novena con todos los vecinos que podían a la casa de alguna familia que nos invitaba.

 

 

Durante los días que estuvimos allí, también fuimos testigos de la generosidad de algunas personas y familias de otras zonas, que vinieron a compartir la novena y trajeron regalos para los niños.

 

 

Fueron días de experimentar…

que somos una familia grande,

que de los pobres es el  Reino de los Cielos

y de que hay mucha más alegría en dar, que en recibir.

Yo soy una misión en esta tierra…

Deja tu huella en esta historia.

 

 

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