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“Despertad! Lanzaos, sin miedo, adelante!”

Ester Palma, misionera en Corea del Sur, nos sitúa en lo que Corea ha vivido en las jornadas asiáticas de jóvenes. 

 

Quiero contaros en primera persona el regalo que hemos vivido como Iglesia de Corea este año, el ASIA YOUTH DAY (Jornada asiática de la Juventud) y la visita de su Santidad el Papa Francisco. Quiero hacerlo de una manera sencilla, respondiendo a algunas preguntas de modo que se os haga más ameno.  

 

¿Qué es y cuando empezó la Jornada Asiática de la Juventud?

La Jornada Asiática de la Juventud se celebró por primera vez en 1999, en Tailandia. En las JMJ (Jornadas Mundiales de la Juventud) los jóvenes asiáticos tienen una experiencia muy positiva de la Iglesia católica, del apoyo y la riqueza de verse con tantos jóvenes de los cinco continentes, pero a la vez se sienten un poco “perdidos”. Como asiáticos anhelan espacios más propios de compartir las realidades que viven, que son diferentes de las de los jóvenes de otros continentes y por eso en la JMJ del 91 en Polonia por primera vez se propuso un AYG (Reunión de los jóvenes asiáticos- dentro de la JMJ, pero donde sólo acudieran los asiáticos). A raíz de ese momento de encuentro, que fue muy bueno, se propuso que cada tres años, en ASIA, los jóvenes se pudieran seguir encontrando, no ya en el marco de las JMJ, sino creando un nuevo espacio. Así nació el AYD y la primera como os dije se celebró en Tailandia. Se han celebrado ya 5 AYD, así que ésta que ahora celebrábamos en Corea (Daejeon) era la sexta jornada: el 6to AYD. (AYD1 Tailandia, AYD2 Taiwan, AYD3 India, AYD4 Hong Kong, AYD5 Filipinas)

 

¿Había un lema o título de la jornada? ¿Había un logo?

El lema de esta jornada era “Despertad! Jóvenes de Asia, la Gloria de los mártires brilla en vosotros”. El logo representa la cruz de Jesús y como de su costado brota una gota de sangre y otra de agua. Estas gotas representan la eucaristía y el bautismo y  también la vida de los mártires, la sangre derramada como continuación de la cruz de Jesús en estas tierras de Corea. El agua quiere recordar también al “mártir del sudor”, el padre T. Choi, que murió de agotamiento en su trabajo misionero por hacer nacer la Iglesia de Corea. Estas gotas caen sobre los jóvenes (la Y del logo) de Asia, que son el relevo de estos mártires. El A y el D que componen el AYD nos hablan de Cristo como Alfa y Omega, principio y fin de nuestra fe. El logo con los colores y el recuerdo a la bandera de Corea nos habla de que la sede del AYD6 es Corea, y dentro de ella Daejeon, la cuna del cristianismo coreano. Daejeon es el lugar donde nacieron tanto San Andres Kim Daegon, primer sacerdote coreano, mártir a los 25 años, como el P. Tomas Choi y también donde miles de los laicos-mártires, dieron su vida por la fe. Este fue el lugar elegido para celebrar la jornada por su significado para toda la Iglesia de Corea y el lugar donde el Papa se encontró en dos ocasiones con los jóvenes de Asia este verano. Por cosas de la providencia de Dios es la diócesis en la que estamos trabajando pastoralmente mi comunidad y yo desde hace 8 años. Por eso, hemos podido tener la suerte de seguir la jornada y el encuentro con el Papa muy desde dentro. Han sido 3 años de entrega intensiva que han merecido la pena.

 

¿Cuántas personas participaron en el AYD?

En el AYD participaron 1000 jóvenes asiáticos y 1000 jóvenes coreanos. A la vez se convocó el KYD (Jornada coreana de la juventud) a la que asistieron otros 4000 jóvenes. En total éramos 6000 jóvenes. Los jóvenes asiáticos provenían de 22 países de Asia. Las delegaciones más grandes eran la de Filipinas, Hong Kong y Taiwan con 100 jóvenes, las otras delegaciones eran más pequeñas: Japón, Indonesia e India con 70 jóvenes aprox. Camboya y Vietnam con 30 aprox. y las otras delegaciones eran más pequeñas como la de Nepal o Bangladesh con 10 personas. Estos jóvenes venían muy conscientes de que representaban a otros muchos, se sentían muy agradecidos de poder estar allí espíritu incluso algunos de ellos habían recibido una ayuda para poder asistir al encuentro, con lo cual lo vivían con gratitud y responsabilidad.

 

¿Por qué piensas que el Papa fue a Corea?

Pienso que el papa como jesuita, desde siempre ha tenido Asia en el corazón. Cuando se le invitó para el encuentro de jóvenes nos contaron que respondió que el “corazón” le latía con fuerza y que deseaba encontrarse con los “jóvenes católicos de Asia”. Personalmente la situación de división de la península coreana también creo que ha sido un grito que le ha tocado el corazón. Un grito a la paz y a la reconciliación. El traía en su corazón el deseo de hablar con todos los jóvenes y también el de lanzar un grito de Paz y Unidad en el corazón de Asia. El día 15 de Agosto y el día 17 vino a compartir con los jóvenes del AYD y tuve el regalo de poder colaborar en la traducción. Interpretaba las intervenciones de los jóvenes (una coreana, una camboyana y un chico de Hong Kong) al español. El encuentro con los jóvenes fue un momento muy entrañable. El Papa dejó el guión que traía preparado y les habló espontáneamente desde el corazón (en italiano). Se estableció un diálogo muy espontáneo y lleno de fuerza. El rezó unos instantes por la reunificación de las dos Coreas. Les habló de que la felicidad no se compra ni se vende y les invitó a preguntarle en la oración a Jesús. ¿Qué quieres de mi vida? El Papa estaba muy contento, muy alegre y se acercó a los jóvenes al empezar y también al acabar (rompiendo de nuevo el protocolo) se tiró fotos con los jóvenes, les firmó autógrafos y en una comida pudo encontrarse más íntimamente con 12 de ellos.

 

El Papa quiere impulsar la evangelización de Asia ¿Qué papel puede jugar Corea?

Corea es un país que tiene muchas posibilidades, tanto por ser una Iglesia joven y llena de pasión como a nivel económico. En comparación con otros países como Vietnam o Indonesia, donde la Iglesia es muy pequeña, pobre o incluso perseguida, la Iglesia coreana es fuerte (un 10%). Es un país donde se respeta la libertad religiosa y la situación económica en estos últimos 20 años ha mejorado muchísimo. En Corea hay muchas vocaciones sacerdotales y religiosas, hay muchos niños y jóvenes en las parroquias, es una Iglesia muy activa. Pero la Iglesia actual de Corea tiene una debilidad. Ha ido perdiendo la sal y la luz que tenía en sus orígenes. Era una Iglesia de laicos, una Iglesia humilde y misionera que nació entre persecuciones y que en sus mejores momentos se definió por los derechos humanos, estuvo del lado de los más pobres y de los obreros (en los años 70). Ahora poco a poco ha ido acomodándose, es una Iglesia muy clerical, muy estructurada y se deja sentir un leve “sopor”. El lema de la Jornada: “Despierta, la gloria de los mártires brilla sobre ti.” Quería recordarles su origen, hacerles salir del letargo para hacerles despertar al papel tan importante que pueden tener en este momento como creadores de paz, de comunión y como misioneros en todo Asia. La evangelización de Asia tienen que hacerla los asiáticos. El Papa, creo que quería poner a los coreanos en misión, pero no de cualquier manera, sino desde la humildad y el servicio, sin triunfalismos. Tengo la esperanza de que su visita va a dar ese fruto. Creo que para los jóvenes el encuentro ha sido un despertador al sentir muy de cerca las necesidades reales, tanto espirituales como materiales de otras iglesias muy cercanas como la Iglesia china, la Iglesia de Mongolia, o tantas otras del sudeste asiático. A los jóvenes les dijo “Despertad! Lanzaos, sin miedo, adelante!”.

 

¿Qué significa para los coreanos la Pobreza de Francisco y la Alegría del Evangelio?

Hablar de pobreza en Corea es algo profético. La Iglesia necesita medios para evangelizar, pero nunca puede enriquecerse. Para estar con los pobres, la Iglesia tiene que ser pobre. En este aspecto, la Iglesia en Corea está dividida, el enriquecimiento de la Iglesia es una piedra de tropiezo que el Papa ha denunciado con claridad, y su visita ha sido un aliento muy grande para algunos profetas: obispos, sacerdotes y laicos que intentan vivir y hablar desde la pobreza y con pobreza y que muchas veces son criticados. La alegría de Francisco, su ternura son un signo de contradicción y un testimonio grande para la Iglesia de Corea. La Iglesia, tan clerical y estructurada a veces carece de ternura y de simplicidad evangélicas. Parece que son más importantes los métodos y  los presupuestos que las personas o que el buen humor. Francisco ha venido a desmontar lo más jerárquico y autoritario de la Iglesia coreana y a poner en el candelero a los niños, a los débiles y sobre todo a los jóvenes.

 

¿Cómo ha sido recibido el Papa por el resto de la población, por los no-cristiano?

Fue increíble, aunque no es un país cristiano, todo el pueblo estaba esperando al Papa. Por ejemplo, un día iba  en el autobús y un señor al verme la cruz, me dijo: “Eres católica, debes estar contenta de que venga el Papa no?.” Y empezamos a hablar…me decía: “Yo veo que el Papa es un líder mundial, es un líder a nivel moral. Obama y los grandes presidentes son líderes políticos, pero a ninguno nos mueven el corazón, a mi este Papa me conmueve y sus opciones me parecen impresionantes. El hecho de llevar un coche sencillo, de acercarse a los pobres”. Este hombre, que no tenía ninguna religión me contó que había estado leyendo sobre el Papa para escuchar lo que decía y conocer quién era antes de que viniera.

 

¿Qué gestos o qué palabras del Papa han sido las más importantes en Corea?

Al pueblo coreano le ha tocado mucho también los gestos con las familias de las 300 víctimas del naufragio del ferry “Sewol” (16 de Abril). Iba a una ceremonia importante pero él paraba el coche y bajaba a saludarlos, se puso durante toda la visita el pin conmemorativo en solidaridad con esos jóvenes, antes de volar el día del regreso les envió una carta entrañable a los familiares que todavía están acampados en el puerto, esperando a que se recupere el cadáver de sus hijos. Estos gestos contrastan con la actitud fría y los intentos de periodistas y políticos de ignorar o de disfrazar el naufragio. En un momento, una persona del protocolo de la visita le dijo al Papa: a lo mejor ya puede usted quitarse el pin conmemorativo, porque usted tiene que ser neutral (quizá porque este pin lleva connotaciones políticas críticas hacia el gobierno y hacia los que no se quieren comprometer con descubrir la verdad sobre el accidente) en ese momento el Papa dijo una frase que se ha hecho muy famosa en Corea y ha sido titular en muchos periódicos: “Frente al sufrimiento humano, yo no puedo ser neutral”. Estaba claro que más allá de colores políticos el Papa se ponía del lado de los que sufren y de los que buscan la verdad, luchan por la justicia y son pisoteados por los poderosos, por la corrupción y la frialdad del sistema. En el encuentro que tuvo con todos los obispos de Asia, respecto de las otras religiones les dijo: “Tenemos que caminar juntos. No debemos preocuparnos tanto de las conversiones, lo importante es vernos caminar juntos”.

 

¿Qué ha supuesto esa tragedia para la sociedad coreana en su conjunto?

El accidente ha sido como una parábola de lo que es la sociedad coreana en este momento: un país muy desarrollado pero con muchos agujeros en lo más básico, en humanidad. Puedes tener la mejor tecnología, el mejor ejército, pero cuando el barco se estaba hundiendo y que era el momento en que podían haber sacado a todos esos chicos, nadie fue capaz de poner los medios. El miedo a darse por los otros, la corrupción, los intereses económicos, el engaño, todo se combinó para dar lugar a esta catástrofe. Me pareció significativa una entrevista que, en televisión, le hicieron a un militar de los cuerpos especiales entrenado entre otras cosas para luchar contra Corea del Norte. Él había estado en la parte de arriba del barco, enviado para la operación de rescate de los jóvenes. No llegó a entrar en el barco, ni a gritar que salieran, ni a salvar a ningún chico. Le preguntaron por qué no hizo más y contestó que tenía miedo porque su vida corría peligro. El accidente del barco fue el miércoles santo. Corea vivió este año, su propia Pasión: el vacío. ¿De qué nos sirve todo lo que tenemos, si no vale para salvar la vida de nuestros hijos?¿ De qué nos sirve todo si no hay dignidad humana, si el hombre no está en el centro, si no somos capaces de arriesgar la vida unos por otros? Los 300 jóvenes murieron ahogados vivos mientras ante las cámaras de televisión veíamos al barco hundirse y cómo nadie hacia nada por impedirlo. El gobierno y las personas responsables del accidente se lavan las manos y se entretienen culpándose unos a otros sin asumir ni enfrentar la verdad. En este contexto tanto la Jornada de la Juventud como la venida del Papa han sido dos momentos de consuelo y de esperanza para el país.

 

¿Cuál es la raíz de esta crisis de valores que vive la sociedad coreana?

La sociedad coreana es muy competitiva. Con el desarrollo de las últimas décadas el país se ha vaciado de los valores tradicionales y ha puesto el valor en el dinero y en el poder. Antes, sí se reconocía el valor de la vida, y el de ayudarse unos a otros. Después de la ocupación japonesa y de la II Guerra Mundial (1910-1945) vino la guerra civil (1950-1953) Corea era uno de los países más pobres del mundo. En el intento de salir de la extrema pobreza se puso toda la fuerza en la educación y en la producción: los coches, los ordenadores, los móviles. Poco a poco y mediante dictaduras militares el país se fue levantando económica y socialmente pero también sacrificando muchas cosas preciosas. Actualmente el sistema educativo es uno de los más competitivos del mundo y se empiezan a ver las consecuencias nefastas de un ritmo tan acelerado y tan estresante tanto para los trabajadores como para los estudiantes. El accidente ha puesto al descubierto una gran corrupción tanto en el gobierno como en la Justicia y en los funcionarios del Estado. Los chicos que han fallecido han sido las víctimas inocentes de un sistema que reclama verdad, compromiso, justicia y sobre todo Amor.

 

¿Cuáles son los núcleos de pobreza o de marginación en medio de una sociedad así?

Los ancianos, por ejemplo, son una realidad muy marginal. Tienen muy poca pensión, los seguros médicos son carísimos. En nuestro barrio, los ancianos viven en casitas pobrísimas, ya abandonados por los hijos... Los hijos de mediana edad están muy ocupados en trabajar, los jóvenes no tienen tiempo, por los estudios... Son personas que han trabajado toda su vida, y hoy viven en la marginación. Las tasas de suicidio de personas mayores son de las más altas del mundo. Se plantean ¿de qué les sirve seguir viviendo si han llegado al final de sus días sin nada y sin gente a su lado? Los jóvenes también viven una situación muy difícil.

Obligados por el sistema a “competir” viven en un ritmo desenfrenado por ser los mejores. Estudian una media de 15 horas al día, desde las 7 de la mañana hasta las 22 de la noche. A la escuela se añaden dos o tres academias privadas de refuerzo que alargan el día y el cansancio. El objetivo primordial es el examen de ingreso a la universidad, objetivo que la mayoría de los adolescentes vive con mucho desaliento y estrés por no sentirse preparados para el nivel tan alto que se exige. También entre los adolescentes las cotas de suicidio en Corea son altas.

 

¿Qué hacéis en el trabajo de Pastoral juvenil?

La sociedad les inculca que si no son el número 1, no valen. Las altas cifras de suicidios se deben a que se sienten incapaces. Los valores del Evangelio -perdón, caridad, servicio a los demás- van totalmente contra-corriente. Nadie quiere quedarse atrás, nadie quiere ser tomado “por tonto”.  Tratamos de hacerles comprender que cada uno vale por lo que es, no por lo que produce o por las notas que saca. Tratamos de compartir que en el mundo hay sitio para todos, no sólo para los mejores. Que cada uno somos y tenemos capacidades diferentes y que se es feliz por lo que se ama y por lo que se es amado, no tanto por lo que hacemos.

 

¿Cuál era el objetivo de la Jornada Asiática de la Juventud?

Queríamos que la referencia a los mártires en el lema de la Jornada fuera un estímulo para los jóvenes. Queríamos que tomaran conciencia de que ellos también están en medio de “persecuciones” de otro tipo y tienen que ser valientes para remar contra-corriente. También en nuestros retiros con jóvenes les hablamos siempre de ello: tienes que ser tú mismo, no tienes que seguir la corriente, tú eres un tesoro. Pero no es tan fácil,  el consumismo, el materialismo, la competitividad les golpea con mucha fuerza y los que quieren vivir algo diferente son pocos y se sienten muy “pequeños”. En la Jornada se trataba de unir fuerzas, de vernos “remar” para el mismo lado, de alentarnos y de apoyarnos en el camino de seguir a Jesús, pobre, alegre, amigo de los pobres y que lucha por crear un mundo de justicia y de paz.

 

¿Cómo nació la Iglesia en Corea? ¿Cómo está en este momento?

            Fueron los mismos coreanos cuando encontraron unos libros (a finales del s. XVIII) que hablaban de la fe quienes se convirtieron e iniciaron la misión en Corea. Desde el principio fue una Iglesia misionera y de laicos, cuando el primer misionero extranjero (un sacerdote chino) entró en Corea ya había una comunidad de laicos que vivía y compartía su fe con otros. Desde el principio fueron ellos mismos quienes profundizaron la fe y la propagaron incluso en medio de persecuciones, por eso están muy orgullosos de la historia de su Iglesia y por tener tantos miles de mártires, algunos de ellos que conocemos el nombre y otros muchos anónimos.  El Papa les animó a volver a los orígenes, a una Iglesia humilde, joven, de laicos en comunión con sus pastores, a una Iglesia misionera. La Iglesia en toda Asia es de la gente sencilla, de los catequistas que van casa por casa, es una Iglesia muchas veces perseguida. Ante la tragedia del ferry, el mensaje de los mártires también era significativo, los mártires nos dicen que merece la pena dar tu vida para salvar otras vidas. Los mártires hablan de la alegría de la entrega, del valor de la comunidad.

 

            ¿Cómo ven los no cristianos la Iglesia católica?

            La Iglesia tiene muy buena imagen. En los años 70, cuando empezaron los movimientos por la democracia frente a la dictadura militar, todos los grupos de obreros, los sindicatos, recibieron mucho apoyo del cardenal Kim Su Hwan. El les dejaba refugiarse en la catedral de Seúl. Las religiosas se ponían delante de los militares para ayudar a la gente y eso se ha grabado en el fondo del alma de los coreanos. Hace tiempo, se hizo muy famosa una encuesta que decía que el 75% o el 80% de las personas que no tenían religión, si tuvieran que escoger una, elegirían la Iglesia católica.

 

 

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