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Impacto en la frontera palestina

Resulta impactante atravesar la frontera de Palestina a Israel, así nos lo cuenta Verónica Alonso como experiencia que le marcó en su visita a Israel con motivo de los votos de Ania Czechowska.



Los palestinos son personas de raza árabe y de religión o musulmana o cristiana. En realidad, los cristianos son una minoría. Viven una realidad de mucha marginación con respecto al Estado de Israel ya que, en realidad, el Estado de Israel no los reconoce.


Atravesar la frontera de Palestina a Israel es toda una experiencia.

Los palestinos tienen que dejar su coche en la zona de Palestina y atravesar andando la frontera, y después tomar un autobús para moverse en Israel y tienen que volver a las 7 de la tarde puesto que a esa hora ya se cierra la frontera.


Como nosotras no somos palestinas, pudimos entrar en Palestina con nuestro coche y luego salir en él. La salida fue todo un tema, después de mirarnos el pasaporte, nos hicieron salir del coche. Sacaron aire del interior del coche para analizarlo; pasamos nuestros bolsos por la maquina detectora de armas, etc…


A todo esto, aunque no había mucha gente, entre una cosa y otra, se nos hizo alrededor de una hora de espera.


Esto es lo que viven cada día los palestinos que tienen que ir a Israel a trabajar. Horas de espera en la frontera, en invierno con el frío… para poder cruzar a Israel, donde algunos de ellos trabajan.

Para los que venimos de fuera, da la da la impresión de que Palestina se asemeja a una cárcel, la vida es dura. Hay muchas menos oportunidades que en Israel. Es visiblemente mucho más pobre y el terreno es muy árido y pedregoso.


Tienen problemas con el agua y se percibe carencia en general. Los comercios son muy sencillos y, por lo que dicen, este tipo de realidad social genera mucha violencia. La marginación, al ser tratados como inferiores por su raza, y las condiciones sociales que viven  hacen que sea mucho más sencilla, que prenda fácilmente, la chispa de la violencia, gritos, peleas...

Si Dios ha permitido que nos acerquemos a esta realidad, es para que entre fuertemente dentro de nuestro corazón y nos mueva a comprometernos cada día por crear un mundo sin divisiones. Muchas de estas personas fueron despojadas hace 70 años de sus tierras y de una convivencia armónica y en paz con sus conciudadanos judíos, para ser hoy obligados a vivir en un terreno reducido y árido…. y ser considerados por los mismos judíos como ciudadanos de segunda clase, o sencillamente no ser reconocidos en absoluto.

Hemos visto una vez más el absurdo al que puede llegar el ser humano cuando deja que su corazón se endurezca y se cierre al hermano.

Si somos sinceros con nosotros mismos, en todo corazón humano (también en el nuestro) está ese potencial destructivo, capaz de crear fronteras, quizás invisibles, pero reales, capaz de levantar muros, de buscar vivir a base de menospreciar los derechos de los demás.


Que esta visita a Palestina despierte en nuestros corazones el compromiso por trabajar (primero en nuestro corazón y continuando después a nuestro alrededor) por el bien común.


Isaías 11,6-ss dice así:  

“serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito,

el novillo y el cachorro pacerán juntos y un niño pequeño los conducirá…”

Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo monte

porque la Tierra estará llena del conocimiento del Señor

cómo cubren las aguas el mar.

 

Verónica Alonso

noviembre 2017

 

 

 

 

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