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¡¡Gracias Sergio!!

 

 

El 29 de agosto celebramos una emotiva despedida de Sergio, nuestro querido párroco de Espinosa de Henares, al cual el obispo de Guadalajara (España) ha destinado a otro pueblo de la diócesis, Sacedón. Las misioneras agradecían de corazón su sencillez, humildad y su amor volcado en los pequeños detalles de la vida.

 

 

Sergio Sánchez fue el párroco de Espinosa de Henares desde 2005, año en que un pequeño grupo de misioneras llegó ahí y fue haciendo de un viejo convento un centro misionero en que todos se sienten en casa, y que toda la comunidad siente muy suyo. Todos los años de nuestra presencia en Espinosa le tuvieron como párroco, amigo, ayudante… en muchas de nuestras obras ha colaborado.

 

 

Sergio fue destinado a Sacedón, otro pueblo de la diócesis, y al final de los ejercicios espirituales de las comunidades misioneras de Europa y África de nuestra comunidad de Servidores del Evangelio, el día 29 de agosto de 2017 hicimos una misa agradeciendo el fruto de los ejercicios, confiando en las manos de Dios todos los proyectos pastorales para este año y agradeciendo la vida de Sergio. Después de la motivación, dada por Ángela, la misa siguió con algunos detalles, en el ofertorio Laura regaló a Sergio una preciosa imagen del Lavatorio que presidía la mesa de la sala en que han compartido tantos momentos juntos, el “Libro de la vida” de nuestra comunidad, y una tarjeta-icono  representando al Buen Pastor que apoya su cabeza en la oveja que lleva sobre sus hombros.

 

 

En el momento de la acción de gracias cada misionera compartía lo que le había ayudado de la vida de Sergio, compartían muchas hermanas, las que habían vivido en Espinosa y las que le conocían apenas de los meses de ejercicios. En general de Sergio agradecíamos su sencillez, su amor expresado en cuidados y abundantes detalles, su capacidad de hacer suya la realidad de cada hermana y comunidad, su disponibilidad para lo que se necesitaba y también su humor. Él se emocionó y no sabía cómo agradecer. Se percibía mucho cariño mutuo. Fue un momento de memoria agradecida por lo mucho que Dios nos permitió vivir juntos y por los hermanos que nos va regalando por el camino. 

 

 

Después de la misa hubo una cena, él nos mostró unas fotos y nos divertimos con unos teatritos improvisados que hacían alusión a los textos que más marcaron en los ejercicios y la necesidad de soltar olas muertas, arriesgar y evaluar los nuevos rumbos tomados.

 

 

Echaremos mucho de menos a Sergio y le deseamos que siga sembrando fe al servicio de Cristo y su Iglesia.

 

 

 Rita

 

 

 

 

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