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Gracias por vuestras oraciones.

Gracias hermanos por vuestras oraciones.

 
Nosotras estamos bien y podemos decir lo mismo de toda la gente que conocemos. Los que todavía lo están pasando mal son todos los afectados por el tsunami. La cifra de muertos y desparecidos es incalculable pues todavía quedan muchos cuerpos que no han salido a la superficie. Además la falta de agua, electricidad, gas está haciendo la cosa más dura.
 
Hoy teníamos una reunión con un grupito de universitarias y a todas se les veía muy afectadas por lo que había pasado. Es la gente que fue a Argentina. Después de conversar pasamos a la capilla para orar por todas las víctimas y hacer un momento de silencio. Fue un momento sencillo pero bonito. Ellas daban mucha importancia al agradecimiento de estar vivas y a no darlo por hecho. También hablaban de que a nivel de voluntariado ahora es imposible pero después cuando todo deje de ser noticia es cuando más se necesitará.
 
A nosotras el terremoto nos cogió a cada una por separado. Momoko estaba de camino a casa y pensó al ver las grietas y los cristales rotos de muchas casas que la nuestra estaría hundida pues es muy viejita. Sin embargo,  la encontró de pié y con muy pocos daños: algunas grietas y muchas cosas por el suelo. Sobre todo las habitaciones de arriba estaban con todo esparcido por todas partes. Paula estaba en la Nunciatura y con todos los que trabajan allí salieron al jardín. Se les juntaron los del centro de la Unión Europea de al lado. Después como las líneas de metro se pararon se quedó allí a pasar la noche y al día siguiente regresó a casa.
 
A mí me tocó en Tachikawa bastante lejos, en el momento en que iba a subir al tren. Como de pronto todo empezó a moverse no sabía si era yo que me estaba dando un desmayo o era un temblor de tierra. Fueron momentos largos e intensos pues allí debajo de tantos tubos y hierros si llega a ser nuestro momento quedaríamos más planchaditos que ni sé. Todos conservamos la calma y nos agarramos a lo que pudimos intentando que nada pesado quedara sobre nuestras cabezas, aunque era un poco difícil. Al calmarse los temblores el jefe de estación nos mandó subir arriba y esperar. Allí en una gran plaza nos reunimos unas 200 personas más o menos y pudimos ver en una pantalla gigante de tv lo que estaba sucediendo en el norte, sobre todo las imágenes del tsunami. Era algo impresionante. Una vez que nos dimos cuenta de que los trenes no se pondrían en marcha todo el mundo intentamos ponernos en contactos con nuestras familias. Y he ahí la ironía del siglo XXI, ningún móvil funcionaba. Sólo podíamos contactar a través de los teléfonos públicos y como se han vuelto una antigüedad, pues nadie los usa ya, quedan poquísimos. Por eso imaginaos las colas tan increíbles que se formaron. Como las líneas estaban colapsadas yo intenté una y otra vez pero imposible. Al final me metí en unos grandes almacenes estilo el corte inglés y me dediqué a ver si podía localizar a las de casa pues en cada piso había un teléf. público. Subí hasta el último piso que era donde menos gente había y allí me senté esperando e intentándolo una y otra vez. Todavía había temblores constantes y el piso donde estábamos se balanceaba como un flan. Pero como están construidos para resistir terremotos la señora que tenía al lado me decía que era el lugar más seguro. Yo pensaba riendo que si esa seguridad se venía abajo acabaríamos todos hechos papilla.
 
Este pueblo es increíble pues como están acostumbrados a temblores constantes saben conservar la calma y la organización. Pensé en la posibilidad de quedarme en casa de una señora que conocíamos que vivía cerca pero no pudo ser porque todas las carreteras estaban congestionadas por el tráfico y había un atasco increíble. Por eso decidí que lo mejor era correr la misma suerte que la inmensa mayoría de los que allí estábamos: ir al centro de refugio más cercano que era un parque. Una vez allí nos dieron agua, mantas y comida para poder pasar la noche. Por supuesto no era al aire libre sino que estábamos en una especie de pabellón con calefacción y baños. Al principio todos estábamos en sillas pero poco a poco la gente se fue tumbando en el suelo para poder dormir. No es necesario deciros que a mí me fue imposible pegar un ojo por lo que me pasé toda la noche en oración y lectura. El libro que me llevé para hacer tiempo en Inmigración me lo terminé de leer más o menos a las cuatro de la mañana. 
 
La gente del centro fue muy maja, super amables y organizados. A las cinco de la mañana nos dijeron que a las siete empezarían a funcionar los trenes. La verdad es que no fue a las siete sino que estuvimos unas tres horas esperando fuera y dentro del tren hasta que pudieran comprobar la seguridad de todas las vías y al final a una velocidad despacito, despacito pude volver a casa. La gente salía hasta por las ventanas pues todos habíamos quedado desplazados unos en una parte y otros en otra. En cada estación más gente subía... Pero es increíble ver la capacidad de aguante, paciencia y a la vez educación que tiene este pueblo.
 
Yo le agradecía a Dios la experiencia de haber podido compartir con ellos este momento. En la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la adversidad.... Cuando pensé que a lo mejor era el final sólo me santigüé y le pedí a Dios por todas las personas que me rodeaban pues a lo mejor ellos no podían o no se les ocurría dirigirse a él. Estoy segura de que todos estos momentos de sufrimiento el Espíritu los está utilizando para acercarse a cada corazón y atraerles a El. Un terremoto así te lleva a buscar la seguridad de una vida en algo que no lo mueva la tierra ni se lo lleve ningún tsunami. Somos tan pequeños y pobres ante algo así que seguro que todo se pone patas arriba y te hace plantearte cantidad de cosas.
 
Queridos hermanos sólo deciros que continuéis pidiendo por este pueblo. Siguen los temblores y algunos muy fuertes que llegan hasta Tokyo y hay muchas necesidades de todas clases. Sin embargo,  creo que lo que es necesario, en estos momentos, es la fe y la fortaleza de corazón. ¡Cuántas personas están perdiendo seres queridos!. Ojala que eso no les destroce sino que puedan encontrar esperanza y fuerza tanto en su interior como a través del amor de muchos.  
 
Muchas gracias por toda vuestra preocupación y oraciones. Seguid por favor.
 

Con mucho cariño,
 Rosario, misionera Servidora del Evangelio , Tokyo
 

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