You are using an outdated browser. For a faster, safer browsing experience, upgrade for free today.

Filipinas, ya en Malasiqui, Pangasinan

 

Con gran alegría, la comunidad de Filipinas, que llegó el 27 de mayo de este año a Manila, nos comparte cómo es su día a día y el trabajo que van a asumir.

“Les anunciamos una gran alegría que es para todo el pueblo, a la pequeña ciudad de Malasiqui, Pangasinan, Filipinas, llegan los Servidores de la Misericordia”

 

Querida familia misionera, nos alegra deciros que tenéis una nueva comunidad en Filipinas. Llegamos el 27 de Mayo del 2015; Darío Marote, Teresa Barroso, Ana Palma y Belén Gómez Valcárcel, a Manila.

 

Hemos estado seis meses con el aprendizaje del Tagalog y en la búsqueda de nuestro lugar de misión. Dios nos ha ido guiando y finalmente un mensajero de Dios, Monseñor Sócrates Villegas, presidente de la Conferencia Episcopal Filipina, nos dio a conocer que su diócesis estaba muy necesitada y que nos recibía con los brazos abiertos. Nos dijo: “Habéis venido a nosotros como una suave y refrescante lluvia en la víspera del Año Jubilar de la Misericordia. Esperamos que encontréis una viña rica y abundante digna de vuestra presencia misionera”

 

La diócesis de Lingayen-Dagupan, en la que vamos a trabajar, está al norte de la isla de Luzón, en la región de Pangasinan. Malasiqui que significa “donde la luz se queda”, es una pequeña ciudad de esta región. Esta zona tiene muchos jóvenes y familias que viven del trabajo en los campos de arroz y de la pesca. Nuestra área pastoral comprendería el acompañamiento de seis capillas y las capellanías de dos universidades.

 

Cada uno de nosotros sentimos esta fundación como regalo de Dios en esta etapa del camino. Como entendió Abraham de parte de Dios: “Yo te colmaré de bendiciones y haré innumerable tu descendencia” (Hb 6,14). Esperamos que sea una bendición para toda la familia Servidora y de manera especial para nuestras comunidades de Japón y Corea, pudiendo trabajar juntos.

 

Empezaremos nuestro trabajo en la diócesis con el inicio del Año de la Misericordia, teniendo como puerta de entrada la fiesta de la Inmaculada. En nuestra diócesis está el Santuario Nacional de la Virgen de Manaoag (significa la Virgen de la Llamada, ¡esto para que se den por aludidos!…). A ella le confiamos nuestra fundación y que envíe obreros a estos arrozales.

 

En Filipinas la Iglesia siente la llamada especial a ser “la Iglesia de los pobres”. Este pueblo pobre y acostumbrado a levantarse una y otra vez después de cada desastre natural, es un testimonio que nos enriquece con su fe y esperanza en medio de tanto sufrimiento.

 

En cada rostro de los niños que viven en la calle, con los que nos encontramos cada día, percibimos la mirada de Jesús que sigue necesitando un abrazo de hermano, hermana, padre, madre… que les consuele.

 

Os esperan!!!! La mies es mucha y los obreros somos muy pocos y muy pobres, suplicamos al dueño de la mies que envíe más obreros….

Unidos.

 

 

 

UA84280771-1