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Experiencia misionera en Argentina

   Durante el pasado mes de julio un grupo de jóvenes españoles y alemanes nos aventuramos a vivir una experiencia misionera en Argentina con la Comunidad Misionera Servidores del Evangelio.

 

   Buenos Aires es una ciudad dividida; por un lado, el distrito de Capital, una ciudad europeizada y cosmopolita, y por otro el Gran Buenos Aires, un extrarradio con 12 millones de habitantes que viven en condiciones muy humildes.

 

   En el Gran Buenos Aires están casi todas las calles sin asfaltar, sin alcantarillado, con casas que se van construyendo poco a poco, hay mucha inseguridad ciudadana y sus habitantes se levantan en plena noche para ir a trabajar y vuelven bien entrada la tarde.

 

   Son personas muy sufridas y luchadoras que trabajan para sacar a sus familias adelante en condiciones muy difíciles y para los que la fe es un motor muy importante en sus vidas; por ellos y con ellos es con quienes realizamos nuestra misión: PROYECTO DISCOVERY MODULO V.

 

   Durante la primera semana de nuestra estancia allí, nos dedicamos a conocer la realidad del país y de la Iglesia mediante la visita a las diferentes comunidades que la Familia Servidora tiene allí: misioneras, misioneros, laicos y familias. Realizamos también diferentes actividades como voluntariado en un hospital municipal, diálogos con grupos de jóvenes y adultos y misiones populares en una zona de “villa” (zona de chabolas).

 

   Durante la segunda semana realizamos la misión propiamente dicha, éramos un grupo de 45 jóvenes entre europeos y argentinos dispuestos a llenar nuestros corazones de Dios y a compartirlo. En Argentina, misionar es una actividad natural, consiste en ir casa por casa en pequeños grupos de 4 o 5 personas compartiendo la vida y las experiencias de Dios.

 

   Contrasta ver cómo la gente te abre sus casas y su corazón, cómo comparten sus heridas más profundas, sus sueños más anhelados y como acogen a Dios mismo al acogernos a nosotros. Como nos dijo una de las señoras a las que visitamos: “Hoy Dios ha visitado mi casa”. Durante la semana de misión el pueblo se volcó con nosotros, dormíamos en casas de las familias, nos organizamos en turnos para cocinar y muchas familias pedían que fuéramos a visitarles.

 

   Cada vez que misionábamos en una casa nos acogían de corazón y nos ofrecían lo mejor que tenían, desde un simple mate a un suculento asado; y en muchas ocasiones vimos cómo nos estaban dando todo, de lo poco que tenían, todo lo que ellos necesitaban para vivir, no de lo que les sobraba. Esto me contrastaba mucho con mi mentalidad europea porque a veces al compartir damos de lo que nos sobra o algo que no necesitamos.

 

   Durante toda la misión trabajamos en la adecuación de una zona lúdica para niños en una de las capillas del barrio. Esta capilla pertenece a una villa, una zona muy marginal donde los niños no saben lo que es jugar sin violencia y donde apenas hay espacios seguros de diversión. Mientras desescombrábamos, limpiábamos y pintábamos veíamos como los niños disfrutaban ayudándonos y eso nos hacía ser conscientes de la importancia del lugar que estábamos acondicionando. Allí, estos niños van a aprender cosas tan sencillas como jugar o la importancia de espacios limpios donde se está seguro y donde se comparte la alegría y el cariño. En estos lugares se  hacen tangibles las periferias a las que tanto se refiere y nos invita a salir el papa Francisco, las periferias geográficas y, sobre todo, las existenciales.

 

   Durante la última semana tuvimos un tiempo de retiro. Unos días para orar, profundizar y compartir todas las experiencias vividas, donde también recibimos la visita de dos obispos de la zona. Para mí, personalmente, la experiencia misionera en Argentina ha supuesto dos cosas muy importantes: la primera, sentir al prójimo como un hermano y no simplemente como una persona que necesita ayuda y la segunda, llenar mi corazón del Amor del Dios Vivo que he experimentado en cada persona que he conocido de esta bella tierra.

 

   Doy gracias a las misioneras y a todos los que hicieron posible esta experiencia que le quiero recomendar a cualquier joven y sobre todo a los que nos acogieron en Argentina y nos abrieron sus casas y sus corazones ya que sin ellos no habría sido posible esta experiencia única.

 

David morena

(Estudiante de Medicina en Guadalajara)

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