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Dios me llama a ser instrumento de reconciliación entre Japón y Corea

   Este verano hemos tenido una actividad conjunta las comunidades de Corea y Japón. “Nikkan koryu” (en japonés), « Han il kyoryu » (en coreano) , que significa intercambio Japón-Corea o Corea-Japón. Desde Japón fuimos con diez jóvenes (entre ellos, cuatro católicos, una protestante y cinco no cristianos) y nos unimos a otros cinco jóvenes de corea y dos chicas españolas (todos católicos).

                                               

   La actividad consistía en poder compartir sobre la historia, la cultura y la fe, y desde ahí hacer experiencia de que somos hermanos y de que cuando Dios está en medio es posible la reconciliación y la amistad.

 

   Tuvimos distintos momentos: visita a familias coreanas en sus casas, juegos con los niños, visita al museo de la independencia de Corea, visita a lugares de mártires, una noche conviviendo con una familia coreana, y en medio de todo eso compartir y orar juntos.

 

   Como sabéis entre Corea y Japón hay muchas heridas de la historia que aún siguen latentes en los corazones, por lo cual no es tan evidente que los jóvenes de ambos países quieran vivir juntos una actividad así. Sin embargo, Dios ha hecho el milagro del amor, y el fruto ha sido muy positivo, ¡nos ha unido como hermanos más allá de las heridas! Y nos ha enviado a ser instrumentos de reconciliación allí donde estamos y desde lo que cada uno podemos.

 

   Os escribimos algunas de las experiencias de los jóvenes que fueron de Japón:

 

Sumire: (Chica no católica que decició bautizarse gracias a este encuentro.)

En el programa de este verano, he sentido mucho a Dios a través de mis compañeros y también he sentido un cambio interior en mí. Al mirar hacia atrás la historia de Japón y Corea me he dado cuenta de que los dos países hemos sufrido. Poder recordar juntos la historia, japoneses y coreanos, desde la mirada de Dios, no fue fácil. Durante los cinco días del encuentro estuvimos orando y buscando intensamente el amor de Dios presente en esta historia.  He vuelto a Japón con mucha alegría y me he dado cuenta de que deseo de corazón creer más en Dios. Y  para poder vivir según la voluntad de Dios, he pensado prepararme para el bautismo.

 

Anna: (Chica católica de familia católica)

El segundo día del encuentro, fuimos a visitar algunas familias. Sinceramente yo estaba preocupada pensando si era adecuado que nosotros, como jóvenes japoneses, fuéramos a visitar a abuelos coreanos. Ellos vivieron la guerra cuando Corea estaba bajo la dominación japonesa y yo pensé que nuestra llegada les iba a recordar esa dura época. Pero fue al contrario, ellos nos dieron una bienvenida muy cálida. Nos prepararon una comida coreana y nos enseñaron sus ropas tradicionales, y como yo dije que alguna vez me encantaría ponerme un vestido coreano, la señora me lo puso. ¡Y al final hasta me lo quería regalar!

 

   Cuando nos despedíamos, nos dijeron: “os queremos”.  Para mi fue muy emocionante, sabiendo que todavía tendrán un sentir confuso frente Japón, les estoy muy agradecida por ese trato tan cariñoso y sincero.