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Dios me llama a ser instrumento de reconciliación entre Japón y Corea: Testimonios

Yoshiko:  (Chica católica)

Nosotros los japoneses nos graduamos de la escuela sin haber aprendido casi nada de la verdad histórica entre Corea y Japón. En este encuentro, finalmente he podido aprender la historia real sobre el problema tan candente de las mujeres coreanas llamadas “comfort women”. En medio de la tendencia actual de la sociedad japonesa con una fuerte oposición a Corea del Sur, hasta ahora no había podido conocer la realidad de las “comfort women” y las personas que fueron víctimas de la guerra, pude comprender lo que realmente están buscando cuando reclaman a Japón que se pido perdón. Gracias a la misión de este verano he podido, por fin, aprender mucho sobre esta situación.

 La reconciliación no es sólo un problema de dinero (el gobierno japonés quiere solucionarlo pagando un dinero y que se olvide todo). Pienso que es cuestión de aceptar lo ocurrido en el pasado, de que haya un reconocimiento mutuo y de continuar dialogando. A través de la misión he entedido claramente que Dios me envía a ser instrumento de reconciliación entre Corea y Japón, y para escuchar y acoger el sentir y pensar de los coreanos. Aunque entre los países no haya comprensión mutua, yo quiero colaborar, aunque sea un poco, para que podamos ser buenos vecinos nuevamente.

 

Atsushi:  (católico de de familia católica)

Cada vez que voy a Corea me gusta más este país. Cuantas más personas conozco me siento más cerca. Cuando miro el mapa de Corea, me vienen a la memoria rostros de muchas personas. Ya no es un país que conozco intelectualmente, es un país donde viven mis amigos, y esto es algo que me enriquece. Cuando me hago consciente de eso, me alegro un montón. Y de la misma manera, me alegraría mucho que los coreanos, al encontrarse con los japoneses pudieran sentir a Japón como un lugar especial.

Hubo muchos momentos de compartir juntos sobre la historia, los mártires y sobre las búsquedas del día a día de los jóvenes de los dos países. Cuando compartimos abriendo el corazón se crea una relación de confianza donde podemos expresar con sinceridad lo que sentimos y sentirnos identificados. ¡En los momentos de comer juntos y en la fiesta final me sentía super feliz, lleno de alegría!

 

Nanami: (chica que se bautizará la próxima Semana Santa)

En el encuentro de jóvenes coreanos y japoneses de este verano, lo que más me ha quedado grabado es el día que el obispo vino a visitarnos en la parroquia que estábamos viviendo, la experiencia en el museo de la independencia, el compartir en el castillo y santuario de Haemi, lugar de mártires, y el día que nos quedamos a dormir en casa de una familia coreana.

 

El obispo vino a celebrar la misa el día de la primera comunión de los niños de la parroquia. Al ver a los niños con los que habíamos estado jugando el día anterior me hizo vivir esa celebración de todo corazón.

 

También me hizo mucha ilusión comer en la misma mesa que el obispo y ver con cercanía nos servía y ¡nos pasaba el kimchi! (verdura picante y fermentada típica de Corea).

 

En el museo de la independencia me sorprendió mucho escuchar la cantidad tan grande de ¨comfort station¨ (lugares donde se abusaba de las mujeres coreanas, conocidas como ¨comfort women¨) que hubo durante la guerra. La guía coreana nos lo explicó entre lágrimas, y nuestros compañeros coreanos dijeron que les dolió mucho vernos llorar también a nosotros. Ese día por la noche tuvimos un momento de oración y de compartir sobre la experiencia del museo, y pienso que después de ese momento avanzamos un paso adelante.

 

En el castillo de Haemi, tuve la oportunidad de encontrarme con personas del lugar y fue una experiencia muy bonita. Un hombre me dijo: “Bienvenida” y al escucharlo sentí que se me quitaba de encima el sentimiento que tenía del día anterior. Cerca de allí había un museo de mártires en el cual había estado el Papa Francisco hacía cuatro años. Sólo pensarlo me dio mucha alegría, poder estar en el mismo lugar donde ha estado él.

 

Gracias a esta experiencia he empezado a querer a Corea y siento que Dios ha ampliado nuestro horizonte y nos ha unido con unos lazos muy fuertes. Pienso que, aunque no pueda hacer nada a nivel del gobierno, es importante lo que como ciudadana pueda hacer para la reconciliación. En resumen, esta misión me ha acercado a la Iglesia como institución y me ha enseñado más cómo sentirme y vivir como cristiana.