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Dios me habla a través de la comunidad.

   Ver sufrir a mis seres queridos y sentir la impotencia de no poder ayudarles me causa un gran dolor. Este es el mayor sufrimiento que he vivido este año. Mi mundo se redujo a esta sola preocupación.

 

   En mis oraciones le suplicaba a Dios que lo resolviera. A menudo me preguntaba: ¿No será una exigencia de mi parte pedirle a Dios que le de a esta situación la solución que yo le pido?

 

   El clima de fraternidad y de respeto que vivimos en comunidad me ha permitido expresar y compartir lo que vivo y en particular me han ayudado mucho las revisiones de vida. Los tiempos de oración en comunidad me han llevado a soltar la situacion por dentro y a abrirme a la escucha y a hacer la voluntad de Dios.

 

   En concreto el fin de semana de retiro de los servidores de este invierno pasado (del 21 al 22 de enero) fue para mi decisivo y pude profundizar y meditar sobre la misericordia de Dios.  

 

   Fue gracias a la comunidad que he podido poco a poco volver a encontrar la serenidad y a aceptar mi justo lugar con mis seres queridos. Es decir, acompañar, estar presente como Dios me lo pide, pero sin intentar imponer "mi” solución. En una palabra, confiar del todo en la misericordia de Dios.

 

Brigitte de Patoul

 

(En la foto a la izquierda)

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