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Desde Togo

TESTIMONIO DE OLIVIER, SERVIDOR DE TOGO

Soy huérfano de padre desde el 2007, tengo tres hermanas más pequeñas y un hermano. Mi madre vive en el pueblo con dos tías viudas y sus hijos. En total hay 16 niños de los cuales 13 están bajo mi responsabilidad. Por eso tengo la necesidad de trabajar y estar cerca de la familia.

 

Soy maestro de niños y vivo en una habitación alquilada con dos de mis hermanas cerca de la escuela en Dapaong, la ciudad. Estoy orgulloso de ser maestro porque encuentro en los niños los ojos de ternura, de misericordia, de alegrías y sufrimientos y el “tengo sed” de Jesús. Quiero darme a Jesús haciendo crecer las almas de estos niños para un mundo más justo y verdadero.

 

En la búsqueda de mi vocación tengo un director espiritual, el padre Rafael Janín, español, que me dijo de conocer la Comunidad Servidores del Evangelio. Desde hace tres años la Comunidad ha sido mi salvación y mi alegría. Yo sentía  que Jesús me llamaba pero no he encontrado mi lugar hasta conocer la Comunidad. Al principio tenía miedo, pero la paz, la alegría y la cercanía que la Comunidad da me han marcado de tal manera que ahora me siento familiar de ella y siento que es el lugar ideal para dar mi vida a Jesús.

Como había hecho una pequeña experiencia en otra comunidad, al principio me costó comprender las nuevas formas de ésta: la manera de orar, la formación, la pastoral…. Yo veía que las hermanas eran muy sencillas, sinceras, humildes y fieles a sus compromisos, con el espíritu misionero, de pobreza y de corresponsabilidad. Han sido como tesoros escondidos, como ángeles.

 

He hecho un camino de oración, de formación permanente, de revisión de vida y he colaborado en la catequesis de la parroquia y en emisiones de Radio María. Participo de estas actividades después del horario de trabajo. Todo esto me ha ayudado a profundizar mi fe y  discernir la voluntad de Dios en mi vida.

 

Ahora estoy orando para recibir la gracia de Dios y hacer mis primeros compromisos como servidor del Evangelio. Es para mí una gran alegría y interpelación porque veo que hay otras personas que vienen detrás de mí.

 

Dios me llama a vivir una vida sencilla, sincera, humilde, obediente, pobre y casta sostenida por la oración en el matrimonio y que pueda seguir trabajando en la sociedad para sostener mi familia. Comprendo que me hace falta una alma hermana que esté cerca de mí para ayudarme en la llamada que Dios me hace, como la Virgen María o santa Rita, modelos de esposas y madres.

 

La misericordia de Dios ha transformado mi vida y continúa haciéndolo para que camine en la fe con mis hermanos y hermanas. Me siento parte de esta Comunidad y creo que Jesús nos va a guiar y hablar. 

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