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Niños misioneros

 

   En Corea comenzaron un proyecto de niños misioneros en la parroquia de Filipo en marzo de 2017. Con la mirada puesta en el mundo aprenden a vivir con un corazón misionero en lo concreto y sencillo de cada día. Nos cuentan su experiencia en las misiones de Navidad al salir a invitar a los abuelos a la misa navideña: ver la soledad y precariedad que estos viven movió sus corazones a seguir visitándolos.

 

 

   En marzo del año pasado, en 2017, nos lanzamos a la aventura con un nuevo proyecto: un grupo misionero de niños. El padre Filipo, sacerdote en una parroquia a una hora de nuestra casa, nos permitió comenzar este grupo con los niños de la catequesis, una vez al mes. Hemos ido profundizando lo que significa un corazón misionero abierto al mundo y cómo vivir desde ese corazón misionero lo concreto y sencillo de cada día, en casa con la familia, en el colegio y la parroquia, con los amigos…

 

Niños misioneros SERVIDORES COREA Niños misioneros SERVIDORES COREA  

¿Qué hacemos?

 

   Cada dos meses profundizamos un lema (que también utilizan las OMP de España): “OJOS ABIERTOS”, “CORAZÓN ARDIENTE”, “PIES LIGEROS” Y “MANOS EXTENDIDAS”. En el primer encuentro repartimos a cada niño el Decálogo del misionero, con los 10 mandamientos del niño misionero, y el Pasaporte misionero. Cada mes los chicos tenían que elegir que “acción misionera” iban a realizar en ese mes y una vez realizada escribían la experiencia en el pasaporte. Así, de esta manera, recibían el “sello del misionero”. Nuestra sorpresa ha sido ver lo en serio que los niños se toman todo el bien que pueden hacer desde lo más pequeño!. Al final, el que más sellos tenía recibía un regalo misionero.

 

 

 

Misión de Navidad

 

 

  El culmen más precioso de todo el año fueron unas misiones de Navidad que hicimos con ellos el 16 de Diciembre. El objetivo: invitar a los abuelos a la misa de Navidad. Nos subimos a la furgoneta de la parroquia y fuimos visitando cuatro familias de la parroquia, abuelos que viven solos, a veces en situaciones muy precarias, algunos enfermos…

 

 

La primera casa fue una abuelita, Teresa, totalmente encorvada, que vive en una casa muy muy sencilla. Entramos todos en su habitación, y al principio, un poco tímidos, los chicos le fueron explicando a la abuela qué hacíamos en el grupo, la invitaron a la misa de Navidad y le dieron la carta del párroco, y al final le cantamos una canción. Antes de salir de la casa, los chicos le dieron a la abuela unos regalos que habían preparado: caramelos, chocolates, decoraciones de Navidad… Y así en cada casa.

 

 

Cuando volvimos a la parroquia le preguntamos a una de las niñas, Rebeca, qué era lo que más le había tocado de todo aquel día y su respuesta fue: “darme cuenta que hay muchas personas en el mundo que lo pasan mal, que está muy sola”. Y se quedó hablando con otra niña cómo podrían hacer para volver a visitar a los abuelos durante las vacaciones.

 

 

“De los niños es el Reino de los Cielos”. ¡ELLOS SON NUESTRA ESPERANZA!   

 

María M.

 

 

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