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La comunidad del anillo

 

 

   ¿Qué tiene en común la Comunidad del anillo, del célebre libro “El Señor de los anillos” con la vida cotidiana de la Comunidad de Servidoras de Guadalajara? Con esta singular comparación, Ula, que acaba de llegar este año de Ucrania, nos introduce en lo que viven las guardianas de la fe y esperanza en España. (Tiempo de lectura 2 min)

 

 

La comunidad del anillo en Guadalajara La comunidad del anillo en Guadalajara  

 

 

   Si habéis leído la novela o visto la película “El Señor de los Anillos”, sabéis que existe la Comunidad del Anillo. Ellos son un grupito pequeño de personas con una misión importante que es llevar el anillo de Sauron al lugar donde se puede destruir. Hay mucha gente que se reúne para luchar contra la fuerza oscura pero esa lucha está destinada al fracaso mientras el Anillo del poder no es destruido. Entonces de esta empresa depende la suerte del mundo entero.

 

 

   Por el camino, la Comunidad del Anillo encuentra aventuras, peligros, pero también mucha gente que les ayuda. Por eso experimenta el alivio de no contar sólo con su propia fuerza.

¿A qué viene esta introducción? Es para decir que la comunidad de María Madre, en Guadalajara, es una comunidad pequeña en algunos aspectos semejante a la comunidad del Anillo. ¿Por qué? Sobre todo, porque vive una misión importante de batallar por la esperanza y el gozo de vivir la fe y la evangelización.

 

 

   España es uno de los países europeos golpeados por el coletazo del ateísmo. Es como una fuerza oscura que se cierne ante todo sobre la generación joven. Hay una maquinaria de consumismo que ofrece todo tipo de diversión con tal de que los jóvenes no se hagan preguntas y no piensen en cosas profundas o que no piensen para nada simplemente, que estén entretenidos y sobre estimulados pero pocas veces profundamente felices.

En este paisaje las misioneras son una especie de “guardianas de fe y esperanza” que luchan para que nada ni nadie les robe la alegría de evangelizar. Se llevan golpes del ateísmo campante y desilusiones, pero no sucumben en la lucha. Su táctica no consiste en proteger la alegría sino en contagiarla e invitar a otros a vivirla.

 

 

   La vida de una “misio”, porque así las llaman algunos, empieza por la mañana con un tiempo de oración en la capilla. En el diálogo con Jesús encuentran el amor para la misión, la luz y la esperanza. El lunes suele ser un día dedicado a orar toda la mañana y a tener revisión de vida y proyección pastoral por la tarde.

 

Luego, durante la semana hay varios frentes: con los adultos se hace oración, grupos Alpha de matrimonios, profundización del Itinerario de fe y vida de la comunidad en la parroquia del Santísimo Sacramento y Escuela de Evangelización.

 

Con los juveniles, un encuentro oracional-formativo que se llama “Cita con Jesús” todos los viernes. Dos veces por semana vienen los chicos del colegio diocesano a tomar un cola cao durante su recreo y charlar sobre algunos temas.  Una vez al mes hay una actividad que es diocesana, pero con una activa participación de las misioneras llamada “Venid y Veréis”. Los jóvenes tienen su oración los martes, curso Alpha dos viernes al mes, las encuestas en la Universidad y el voluntariado con los refugiados en Sigüenza. Ángela está comprometida en la Delegación de los jóvenes.

 

Aparte las misioneras administran la casa diocesana de ejercicios donde vienen grupos, se encuentran con gente uno a uno y atienden muchos otros asuntos que la vida normal de cada ser humano de esta tierra conlleva.

Algo que no puede faltar en esta “santa casa” es el humor que, unido a la alegría propia de la entrega por los demás, hace que sea una gozada y un privilegio ser parte de esta comunidad.

 

 

Ula

Febrero 2018

 

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