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Compartir de Aneta Plonecka

Una de las misioneras que hizo sus promesas definitivas el primero de octubre nos introduce en su vivencia de ese día tan especial.

 

 

Queridos hermanos y amigos!

 

Ya pasaron unos días desde que hicimos junto con Basia y Ania Cz. nuestras promesas, aquí en la comunidad de Polonia, en Sopot. La celebración se hizo en la parroquia San Jorge, que es donde trabajan las hermanas y donde vivimos  como comunidad, y la fiesta pudimos hacerla en la casa parroquial y el jardín de alrededor. El tiempo acompañó un montón, hacia calorcito y el sol nos hablaba de la aprobación de Dios por este día, y como el guiño del ojo de Santa Teesita a la que suplicamos que no lloviera, porque no había muchas alternativas para hacer la fiesta en un lugar cubierto.

 

Todo lo que ha sido la preparación ,y especialmente el día de las promesas, fue un momento de mucha gracia de Dios, de poderle ofrecer a Jesús nuestro sí definitivo, que damos en medio de nuestro camino y nuestras pobrezas, que significa darnos del todo, aunque en realidad, es recibir cada día todo de Dios y de los hermanos. Me ayuda intuir que ha sido el “si” para volver cada día a la confianza de que vivimos y estamos en las manos de Dios, y que sólo desde allí podemos entregarnos. También entiendo que, así como los 9 años en Argentina han sido un camino de dejarme amar mucho, Jesús me lleva por el mismo camino, y aunque luego la vida nos pide darnos, es siempre desde el recibir todo lo que necesitamos.

 

De verdad yo me sentía  muy feliz, por este día, por poderle entregar la vida a Jesús, por la presencia de mi familia y nuestras familias, por mis amigos que vinieron, por la Iglesia de Polonia que estuvo presente en la gente de la parroquia, en varios sacerdotes, uno que me dio las clases de religión en la secundaria. Y, además de todo, me sentía muy "en casa", aunque hace muchos años que no vivo en Polonia y con muchas personas ha sido como un reencuentro.

 

Estos días me siento saboreando en la oración todo lo que vivimos, y el momento del que disfruté mucho en la celebración fue la postración. Por un lado, siento que, es una postura que ya en si misma expresa una intimidad con Dios muy fuerte, que es como una postura privilegiada de súplica y de buscar a Dios, de estar cerca de Él, de buscar su voz y su corazón. Y por otro lado, es una postura donde tocas la tierra, tocas el polvo, donde no te quieres poner porque quedas totalmente expuesto, donde tocas lo peor, lo que de normal pisamos con los pies, pero siento que cuando me atrevo a ponerme así delante de Dios, se vuelve lugar de encuentro con El y donde él me enseña cómo está presente en mi vida y en la vida de mis hermanos, y que él abraza estos lugares que despreciamos y hace de ellos tierra sagrada.

 

Me ayudó mucho también sentir la cercanía de los santos mientras cantábamos las letanías, tenía la impresión de que cada uno de ellos me estuviera felicitando y animando para  estos caminos de Dios que nos dan tanto vértigo, pero que son posibles de recorrer con la gracia y misericordia de Él, y el apoyo de los hermanos de la tierra y del cielo.

 

Creo que hay muchísimo más vida para sacar de este día, todo lo que vivimos estaba muy bien preparado, la comida por nuestras madres y familias, y luego la misa y la fiesta por los servidores da acá, por los matrimonios y jóvenes que están cerca de la comunidad, fue un verdadero regalo y derroche de amor y generosidad de todos ellos, de muchas personas que nos quieren y nos expresaron su amor.

 

Que la Virgen y el corazón de Jesús sea nuestro lugar de encuentro, el más eficaz y necesario en nuestra vida de fe. Gracias por la oración de cada uno de ustedes,  ya que yo me sentía muy sostenida en el día de las promesas. 

Un abrazo fuerte,  Aneta

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