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Coímbra envía misioneras

 

 

La comunidad de Servidores del Evangelio de Coímbra es una de las comunidades con más solera. Nació siendo una comunidad local eclesial: con un matrimonio misionero, matrimonios servidores y misioneras. Y ha crecido y madurado de una forma muy positiva. Hay una hermosa familia servidora, con jóvenes y niños que han recibido mucha fe y tienen un espíritu misionero precioso. Quizá sea esa la razón por la que en ella se ha realizado un envío especial.

 

 

Con un espíritu de gratitud y horizonte, el 23 de Julio de 2017, la comunidad de Coímbra ha enviado a sus misioneras María Leão y Rita Borges, a sembrar el amor evangélico a rincones lejanos de esta tierra. María va a Dapaong (Togo) y el destino de Rita está por concretar en este próximo mes.

 

 

El desprendimiento era con un generoso deseo de que otros puedan recibir el Evangelio que ha transformado y alimenta diariamente sus vidas. Al mismo tiempo era emotivo, por entregar el tesoro de unas vidas que se han hecho pan para ellos durante muchos años. Tanto los matrimonios como los jóvenes y niños desean asumir  el compromiso de continuar el campo de misión que ellas llevaban, cada uno desde lo que pueda. Se saben enviados a sembrarse en Portugal, aún sintiendo  que el tesoro de la fe lo llevan en frágiles vasijas de barro, pero confían que Dios repartirá los dones y tareas a los corazones humildes que se dejan capacitar para una misión que, dicho sea de paso, a todos nos supera. Las misioneras creen que harán obras mayores que las de ellas. Dejan una comunidad madura para que guiados por el Espíritu pueda seguir creciendo y abriendo caminos en esta joven Familia Servidora.

 

 

Prueba de la calidad del amor servidor ha sido la preparación de esta celebración, en la que las misioneras se dejaron sorprender por ellos, que prepararon todo desde principio a fin. Yo caí aquí por casualidad y he quedado muy asombrada por la creatividad, unidad, coordinación y espíritu de fe que se transmitía en todos los detalles.

 

 

La Eucaristía fue una verdadera acción de gracias, celebrada bajo la bóveda celestial y con un escenario de horizonte misionero que son las preciosas vistas de la ciudad del patio de la casa, encabezado por el lema “Como el Padre me envió, yo os envío”. Jóvenes y niños prepararon un precioso ofertorio en que agradecidos entregaban a Dios la acogida, la disponibilidad, la alegría, la oración y la capacidad de escucha de las hermanas. Terminamos haciendo una cadena de oración para que sientan la unidad de su comunidad de envío que será soporte y fortaleza allá donde estén. Los lazos creados son eternos.

 

 

La fiesta comenzó después de la cena “a la canasta” preparada con lo mejor que cada uno podía aportar, rematada con una espectacular tarta que no sólo estaba buenísima, sino que simbolizaba una vida hecha evangelio para el mundo (les recomiendo detenerse a ver esa foto y apreciar toda su simbología). Unos enormes regalos fueron el hilo conductor de la fiesta. Encontrar el regalo y superar la prueba para poder abrirlo nos hizo cantar, reír, jugar, escuchar las experiencias de las misioneras y decirles lo que ellas han significado para cada uno. Después de la oración final entre todos recogieron el lugar, dando muestras de que llevarán hasta el final la misión que Dios les confía.

 

 

Doy gracias a Dios por haber sido testigo y parte de esta celebración de envío. Nos diste hermanos para caminar, y caminamos en un mismo espíritu con la diversidad de lugares que nos confías. Allí donde te encuentras hoy, tú que lees este mensaje, eres enviado por el Padre a sembrar el granito de fe recibido con la confianza que es regado por la oración de tus hermanos y que es Dios quien hace crecer.

 

 

Cristina Ruiz

Misionera servidora en Kiev.

 

 

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