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Carta desde Amán

   Hola, les mando un fuerte saludo desde Amán, la capital de Jordania.

 

   Me llamo Ania, soy una misionera polaca de la comunidad Servidores del Evangelio de la Misericordia de Dios. Hace un año y medio que estoy en el Medio Oriente compartiendo la vida, la fe y la liturgia bizantina con los hermanos de la Iglesia Católica Melquita.

 

   Actualmente, en el día día, mi principal tarea consiste en estudiar el idioma árabe para poderme comunicar con los hermanos de la Iglesia a la que quiero servir. Por esta razón, aunque nuestra comunidad misionera está en Israel, yo estoy estudiando en Amán, capital de Jordania.

 

   Este pasado verano he tenido la gran suerte de poder participar en la JMJ de Cracovia y doy muchísimas gracias a Dios y a todos los hermanos que han hecho posible este encuentro. ¡Dios los bendiga!

 

   Nuestro grupo de la Iglesia Católica Melquita de Jordania era un grupo pequeño de solamente once miembros, pero la experiencia que trajimos de vuelta a Amman trasciende a otros jóvenes de nuestra Iglesia.

 

   Jordania, como saben es un país árabe donde los cristianos formamos parte de una pequeña minoría del 3 % de habitantes de todo país. Nos hemos acostumbrado a vivir la fe como una minoría en un país musulmán, no se suele escuchar campanas de las iglesias y los encuentros de los cristianos, como os podéis imaginar no multitudinarios.  Al ser minoría, no estamos acostumbrados a compartir la fe así espontáneamente con otro joven que nos encontramos, ni a proclamarla en voz alta, cantando o bailando por las plazas de nuestra ciudad. En Polonia ésto para nosotros era increíble y nos hizo "muuuucho" bien.

 

   El encuentro con los jóvenes en la JMJ nos brindó la oportunidad de abrir el corazón a la experiencia de fe que crece y se aumenta cuando uno la comparte.

 

   El ver las multitudes de jóvenes cristianos provenientes de tantos países fue para nosotros como una brisa del Espíritu que alienta y esponja el corazón. Volvimos a Jordania con las “baterías de fe” recargadas al 200 %. ¡Durante aquellos días en Polonia, con una alegría que desbordaba nuestro corazón, repetidas veces cantamos, o mejor dicho “gritamos” a pleno pulmón las palabras del canto que nos acompañó en Cracovia “¡Sí, sí, sí, Sí Señor, Tú sabes que te amo!” (Tak, tak, Panie Ty wiesz, ze Cie Kocham!).

 

   Nunca nos vamos a olvidar de la sensibilidad y de la preocupación de todos por las Iglesias de Oriente Medio que hemos sentido por parte de los hermanos de otros países, con los que nos encontramos durante aquellos días. Muchos jóvenes del mundo entero al ver la bandera de Jordania se acercaban a nosotros y con su actitud de interés, delicadeza, oración y con sus palabras nos encarnaron las palabras de san Pablo del capítulo 12 de la Primera Carta a los Corintios.

 

   "No puede el ojo decir a la mano: No te necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; … Dios así formó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba; para que no haya división en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocupen por igual los unos por los otros. De manera que, si un miembro padece, todos los miembros padecen con él; y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, e individualmente sois miembros de él."

 

   En nombre de los hermanos Sirios, Iraquíes, Palestinos y de otros países de la región, recibimos muchas palabras de apoyo y solidaridad. Habría muchos detalles para contar,  por eso, estoy segura de que nunca nos vamos a olvidar del amor con el cual fuimos tratados, recibidos y hospedados durante la JMJ en Polonia.

 

   ¡Gracias hermanos por esta extraordinaria experiencia de unidad y de amor en la Iglesia!  Iglesia Universal.

 

   Ania Czechowska

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