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Campo de trabajo en Ucrania

Del 4 al 15 de julio nos hemos encontrado las comunidades de Polonia y Ucrania en la ciudad de Nizhin para tener un campo de trabajo. Nizhin está a 150 kilómetros al este de Kiev y estamos trabajando allí desde hace un año.  Apenas hay católicos en la zona y la poca gente que va a la parroquia es mayor.

 

Había tres objetivos para esos días: el primero, que fuera un tiempo de oración juntos, de compartir la fe y de dejar a Jesús  desplegar nuestro corazón para seguirle más de cerca. Otro objetivo ha sido arreglar el recinto de la iglesia católica de la ciudad, que está inacabada. El tercero era hacer de esos días un tiempo de misión y de encuentro con la gente del lugar. Por eso, por las tardes visitamos en varias ocasiones uno de los orfanatos de Nizhin,  otro día organizamos un concierto, y por las noches íbamos a un parque al que suelen ir muchos jóvenes de la zona.  El corazón de Dios que ve que hay tantos sitios vacíos para el banquete de su amor nos hizo salir a las plazas cada día.

 

Para la gente del  lugar la presencia de estos dieciocho jóvenes ha sido un testimonio de alegría sincera y sana y de fe fresca. Ya en el tren que los traía desde Kiev a Nizhin muchos preguntaban: quiénes son, por qué cantan y no se quejan del calor, por qué nos ceden los asientos, qué hay en Nizhin digno de un viaje tan largo o como meta de unas vacaciones…

El último domingo la liturgia nos proponía la parábola del buen samaritano. En su homilía el sacerdote decía: “He visto en vosotros al buen samaritano. No os tocaba a vosotros trabajar aquí, no os tocaba construir esta iglesia y os habéis desbordado en generosidad y esfuerzo”.

La disponibilidad del sacerdote grecocatólico que trabaja en la ciudad y la acogida cordial de un sacerdote ortodoxo al que fuimos a visitar imprimieron en nosotros la alegría de la fraternidad y mucha esperanza.

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