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Amo evangelizar

   

 

   Estefanía, estudiante de medicina en Kiev nos cuenta lo que significa para ella la misión "amo expresar el amor que tengo hacia nuestro Padre y hacerles saber a los demás que su amor hacia nosotros es aún más grande"

 

   Ser parte de un grupo misionero fue lo mejor que me pudo haber pasado en mi años de estudios en Ucrania, hace ya mucho tiempo formé parte de uno, llamado PJS (Potencia Juvenil Salesiana) en mi ciudad natal, Cayambé-Ecuador y para ser sincera, quién sabe si mis fines en ese entonces eran el acercarme a Dios, ya que nunca antes había tenido un encuentro tan cercano con él, el cual me abrió por primera vez no sólo el corazón sino también la mente. Pienso que mediante ese grupo misionero, nuestro Padre amoroso se hizo notable en mi vida... pues a pesar de provenir de una familia católica, ese encuentro cercano sólo lo encontré a través del servicio. Servicio que hizo de mí una persona más segura de sí misma y del amor que Dios demuestra a sus hijos a través del esfuerzo y ánimo que un misionero pone en su trabajo y proyectos

 

   Ahora después de varios años y después de haber pasado por experiencias similares a esas en diferentes lugares, es cuando puedo decir que amo expresar el amor que tengo hacia nuestro Padre y hacerles saber a los demás que su amor hacia nosotros es aún más grande.

 

   Viviendo en Kiev-Ucrania, jamás pensé el llegar a hacer algo similar, creí que esa época de brillantes emociones se habían acabado. Pero gracias a Dios después de haber pasado por tantos desconciertos en dicho país, a mi vida llegaron personas que cambiaron una parte de la misma para bien y me recordaron esos momentos vividos a los que me refiero con tanto cariño.

 

Las Hermanas de la comunidad de los Servidores del Evangelio de la misericordia fueron quienes me dieron la oportunidad de participar en actividades parecidas y revivir mi fe y mi confianza en Dios. Así fue que cuando por primera vez fui a pueblitos (Irshansk, Horshik) en el país donde ahora vivo  me di cuenta que se puede llegar a los corazones de muchas personas, con tan solo el poder de querer. Claro que esta vez fue muy diferente por las costumbres, cultura y sobre todo idioma, pero como siempre la gente nos recibía con los brazos abiertos y dispuestos a colaborar.

 

   Aunque las hermanas terminaron su misión en este país en diciembre de 2017, un grupito hemos continuado algunas actividades misioneras. La última vez que fuimos de misión a los mismos lugares fue en junio de 2018, y como era de costumbre la gente muy amable, cordial y cariñosa, nos brindó lo más que pudo y sobre todo su valioso tiempo.

 

   Tengo que aceptar que esta ocasión, sin las hermanas, fue mucho más difícil que las anteriores en referencia a la planificación, hubo algunos momentos de malentendidos previos a las actividades. Pero bueno, ahora después de meditar acerca de todo y orar, creo que Dios siempre nos da la capacidad de entendimiento, del perdón, y sobre todo de la paciencia en el momento adecuado. Y gracias a eso es que tanto adultos como niños sintieron esa alegría y amor que tratamos expresar en todo lo que hacemos.

 

   Ahora sé que mis capacidades son mucho mayores de lo que creía, y que la confianza en mí misma  es un factor muy importante en cuestión de liderazgo y potencial.

Doy gracias a Dios por este nuevo testimonio que puedo relatar, pues es muy diferente pero muy fructífero.

 

Estefanía