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La alegría de evangelizar

 

 

   Maria Amparo nos introduce en la alegría de evangelizar en África. Desde diciembre del año pasado hasta principios de este mes de febrero tuvieron la visita de María Escarda y Gema a Togo. ¿Qué tendrá ese continente que todo el que va quiere volver? ¿Qué riqueza se esconde en el corazón de los pobres? Dejemos que ella nos lo cuente:

 

 

   Querida comunidad, me gustaría haceros participes de lo que nosotros hemos vivido en Dapaong en este último tiempo. Empiezo por contaros quienes somos nosotros. Como ya sabéis, después de que la comunidad de misioneras se dividió a la mitad, porque tres se fueron a la nueva fundación de Lomé, las misioneras en Dapaong somos: Cristina Salido, Christa y una servidora, M.Amparo. El resto son un grupo de jóvenes que desde el año pasado participan de las misiones que vamos organizando: Pelagie, Celine, Bea, Monique, Alain, Emile, Raoul, Matthieu, Abraham, Fabrice y Luc.

 

 

   Todos los domingos por la tarde nos reunimos en nuestra casa para orar, para la escuela de evangelización o para la revisión de vida. Con la divisa “Señor, envía obreros a tu mies”, nos hemos ido preparando para salir en misión en las vacaciones de Navidad. Unos prepararon el teatro de Josephina Bakita en moba, otros ensayaron los cantos (porque no es que cantáramos muy bien que digamos), otros hicieron los christmas que íbamos a repartir a la gente y otros prepararon su testimonio. Pero sobretodo hemos preparado el corazón que poco a poco ha ido comprendiendo la necesidad que tiene Jesús de amigos, amigos que le ayuden a abrir los corazones de nuestros hermanos togoleses a la presencia de Dios desde el servicio y la sencillez.

 

 

   Antes de empezar la misión tuvimos la gran alegría de acoger a María Escarda y Gema. Imaginaros ¡que suerte la nuestra!, y ¡que suerte la de ellas!, fue una reciprocidad preciosa. Disfrutamos, trabajamos y compartimos un montón. Una anécdota, un día nos regalaron una gallina, María la mato y la pelo y yo la destripé, pero otro día nos regalaron una especie de pavo y repetimos el mismo procedimiento y por supuesto todo nos lo comimos con ganas. Aquí es el mejor regalo que nos puedan hacer.

 

 

   El lugar de la  misión fue un pueblo pequeño que se llama Nadjundi. Nos fuimos con nuestro nuevo coche, donde caben 10 en la ranchera y 6 dentro, cantando y tocando el tam-tam. Una vez allí se nos unieron otros jóvenes del lugar que participaron de todas las misiones, y, les gustó tanto, que ahora vienen a nuestra casa una vez al mes para aprender y continuar haciendo lo mismo. Nuestra misión es la de sembrar pero Dios, en su gran bondad, ha querido que también recojamos el fruto de algunos jóvenes que se han adherido a nosotros.

 

 

   Pero ¿qué hacíamos en concreto? Empezamos el día con una misa, seguimos con pautas y oración, nos distribuimos en grupos y salimos a visitar las casas.  Allí el Espíritu Santo se manifiesta poniéndonos palabras en la boca, leyendo la Biblia y teniendo gestos de amor fraterno hacia nuestros hermanos, muchos de los cuales  son animistas y musulmanes. En general, la gente disfruta de esos 30 min que estamos en sus casas, algunos nos abren el corazón, otros nos escuchan simplemente, otros no son tan acogedores, ¡hay de todo! por supuesto, ya nos lo ha dicho Jesús. Por las tardes invitamos a la gente a venir a la parroquia y hacemos una actividad evangelizadora a través de teatros, testimonios, grupos de oración, etc.  La experiencia de ser misioneros nos enciende el fuego del Espíritu en el corazón de tal manera que es para nosotros como una droga, los días se nos hacen cortos y cuando terminamos ya estamos pensando en la siguiente misión.

 

 

   Nosotros mismos hacíamos la cocina con la leña y para preparar el desayuno nos levantábamos a las 4 de la mañana, que era aún de noche. Se me olvidó hablaros de una señora, Chantal, que conocemos de la parroquia y se nos unió a la última hora y su presencia también fue providencial para nosotros.

 

 

   Os contaría muchos más detalles pero no terminaría nunca, así que termino compartiéndoos mi propio testimonio. Resumo en una palabra este tiempo: MILAGRO. Creo en los milagros, en los signos extraordinarios de Dios, en su presencia eficaz en mi vida. Me admiro de lo que puede hacer en una vida y en un grupo de hermanos en la fe. Me admiro de la comunión en un solo Espíritu más allá del color de la piel, de la edad y del sexo. Doy gracias a Dios por estos jóvenes que Él ha puesto en mi camino providencialmente para ayudarles a ser hermanos y misioneros de verdad. Ellos no se imaginan cuanto me ayuda verles crecer, yo que por lo único que estoy aquí es para servir al Señor formando grupos de hermanos servidores. Creo profundamente en mi carisma y en su incidencia en la sociedad africana porque es el Evangelio lo único que tiene el poder para reconstruir hogares, dar dignidad a las mujeres y a los niños, y hacer un mundo más justo para todos. “El Evangelio vivido es la medicina que salva la humanidad”, decía uno de los jóvenes, y nosotros la tenemos en las manos, no nos pertenece, es patrimonio de la humanidad.

 

 

   Con mucho cariño me despido, hasta pronto. Unidos en Cristo. Vuestra hermana

 

 

M.Amparo, semd.

 

 

 

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