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Alegría por tu presencia

   Cuando llegamos al Centro Misionero del Verbum Dei el día 25 de abril estas palabras del Salmo 21 resonaron en mi corazón con mucha fuerza. El Cristo que está en la entrada, nos recibía con los brazos abiertos, y arriba, en la zona de Acogida, misioneras y misioneros muy sonrientes desde hacía rato ya nos estaban esperando.

 

   “ALEGRÍA POR TU PRESENCIA”: estas palabras, mutuamente, los Servidores y el Verbum Dei, nos las decíamos con el corazón y con la mirada. ¡Saboreábamos la alegría del re-encuentro! ¡Sentíamos la alegría de estar en casa! Notábamos que nuestros corazones estaban preparados. Todos sabíamos que estábamos viviendo un acontecimiento histórico y deseado desde hacía mucho tiempo por ambas comunidades.

 

   Serafín, entre risas y abrazos decía por ejemplo: “¡Ja, ja, ja…Esto es el cielo!”. Había, como no, mezcla de emociones, pero sobre todo, un sabor a valoración mutua, reconocimiento y agradecimiento.

 

   Celebramos la Eucaristía presidida por Luis Alfonso y acompañado por varios sacerdotes de las dos comunidades, entre ellos: Darío, Rodri, Alceu, Bernardo, Andree. El momento antes de darnos la paz, M°Amparo introdujo un gesto y explicó que los Servidores queríamos regalarles una canción al Verbum Dei, la canción de “Somos hermanos” antes de darnos la paz con un abrazo dedicando todo el tiempo que fuera necesario para que este momento fuera lo más sincero posible. La gran sorpresa fue que muchos de los misioneros/as y matrimonios del Verbum Dei que estaban ahí, ya se sabían esta canción y la pudimos cantar juntos con toda la fuerza, fue realmente muy emocionante.

 

   Al terminar la Eucaristía nos hicimos una foto de grupo todos los que estábamos allí al lado de una foto grande de Jaime Bonet, mientras cantábamos felices: “Escrito en tu mirada está que Dios no falla”. Es verdad, Dios no falla; Dios hace posible lo que nos parecía imposible. Él, que nos prometió que es posible vivir el Reino, lo ha hecho posible y nos lo deja “tocar” en experiencias como esta.

 

   Quiero agradecer personalmente y queremos como comunidad agradecer a los hermanos/as de ambas comunidades que tuvieron la iniciativa de este encuentro histórico, noto que me impulsa personalmente a mirar hacia adelante con un corazón cada vez más entero, más unificado, más agradecido. Gracias a los hermanos/as que han ido haciendo posible este largo proceso de reconciliación y que nos han ayudado a los demás a ubicar el corazón, más y más, en un clima de “normalidad” –como decía Luis Alfonso-, de paz, de libertad, de fraternidad, de alegría, de misericordia y de misión. No puedo terminar sin agradecerle a Jaime Bonet y a María Areitio la gran parte que han puesto para que llegara este momento, sin ellos no hubiera sido posible y ellos ese día nos sonreían desde el cielo.


   Merece la pena seguir dando la vida por Cristo y por el Reino, no hay mayor alegría que vivir haciendo siempre Su voluntad y en la misión – como dijo Luis Alfonso – ahora tendremos ¨mucha más fuerza¨.

 

   Con cariño, Lucía Ordoñez (Servidores del Evangelio, Argentina)